jueves, 7 de enero de 2010

La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad.



La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir. Uno de los prodigios más asombrosos de la vida humana, de la vida de la cultura, lo constituye esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares que los reiterados esquemas que nuestra mente se ha ido haciendo en la inmediata compañía de la triturada experiencia social y sus, tantas veces, pobres y desrazonados saberes .




La literatura no es sólo principio y origen de libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de la infinita posibilidad. Los libros son puertas que nadie podría cerrarnos jamás, a pesar de todas las censuras. Sólo una censura sería realmente peligrosa: aquella que, inconscientemente, nos impusiéramos a nosotros mismos porque hubiéramos perdido, en la sociedad de los andamiajes y los grumos mentales, la pasión por entender, la felicidad hacia el saber.



Toda verdadera liberación, todo gozo de vivir y de sentir, empieza en nuestra mente. Y esa mente, parte ideal de nuestro cuerpo en la prodigiosa red de sus neuronas, requiere también alimen tac ión y sustento. Las palabras son la sustancia de las que la inteligencia se nutre. Y esas palabras vienen engarzadas en la original sintaxis de la literatura. Un mundo hecho lenguaje, argumentado y construido desde un infinito espacio donde todo el decir, todo el sentir, es posible. Pero un mundo, además, que, en su soledad, en su maravillosa inocencia y libertad, ya nadie manipula, nadie tergiversa, nadie puede ya falsear y alterar.

"Ser quien eres": Emilio Lledò 2009. Para leer màs clik aquí

5 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

En un todo de acuerdo, salvo en la parte de "Nadie manipula".

Aquì, hemos tenido, (y aùn hay) escritores a sueldo, que apoyan o atacan al poder de turno.

Un abtazo, Antonio.

Cornelivs dijo...

Aplaudo a rabiar este post tan brillante, amigo. Estoy de acuerdo. Ya sabes de la buena sintonia que existe entre nosotros.

Y por cierto, gracias por tu comentario a mi entrada "Las buenas Personas", relatas una anécdota cuya moraleja, obviamente, tambien comparto contigo.

Un fuerte abrazo, amigo.

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

En verdad que los libros y la literatura nos llevan a un mundo superior. Este mundo que nos bombardea día a día con tanta guerra, miseria y dolor, a veces se nos refresca con una buena lectura recomendada.
Saludos

salvadorpliego dijo...

Totalmente de acuerdo. El conocimiento enaltece al hombre.
Un placer leerte.
Saludos.

Mª Antonia dijo...

Querido Antonio:
Feliz año a ti y a tu equipo.
Como no podía ser de otro modo, comparto cada palabra que nos transcribes de Lledó, aunque existen excepciones como en cualquier otro ámbito de la vida y hay y hubieron escritores "pagados" por determinados intereses.

Un abrazo

ÑIÑA QUE HABLÓ ANTE LA O.N.U.