sábado, 16 de enero de 2010

CAP. 2.32 " no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes”.




“yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean; y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes”.

CAP. 2.32

Con dificultad, temblando, invadido por el irrefrenable ritmo del Baile de San Vito, se puso don Quijote de pie para dar respuesta a los insultos que le había proferido el clérigo: a él y a la andante y sagrada caballería; que de haberlo escuchado Amadís o cualquier otro histórico y famoso caballero, de buen seguro le hubieran rebaneado el pescuezo a ese grajo negro. De esta forma le habló don Quijote al clérigo: “las armas de los togados son las mesmas que las de la mujer, que son la lengua, entraré con la mía en igual batalla con vuesa merced, de quien se debía esperar antes buenos consejos que infames vituperios”. Añadiendo a continuación el siguiente trabalenguas:” Las reprehensiones santas y bien intencionadas otras circunstancias requieren y otros puntos piden: a lo menos, el haberme reprehendido en público y tan ásperamente ha pasado todos los límites de la buena reprehensión” (Yo había escuchado ese de: “el cielo está entelarañado, quien lo desentelarañará . . ; ahora aprendemos ese de: don Quijote está reprehendido, quien lo desenreprehenderá . . .).

Vemos como don Quijote “reprehende” ahora al eclesiástico y le presenta batalla de igual a igual: blandiendo la lengua de comunicarse con la lengua de besar, comer. . . De esta forma repite de nuevo, nuestro hidalgo favorito al vestido de negro, el discurso completo sobre los principios y fines que rigen la andante caballería; añadiendo que un estudiante lego en la materia caballeresca no debería de meterse “de rondón” donde no le llaman ni en lo que no entiende. Pues Él, caballero es y caballero ha de morir, si place al Altísimo. Porque eligió “la angosta senda de la caballería andante”, y que por angosto, ni su amada Dulcinea tenía queja sobre su comportamiento conyugal (o tal vez sí, por tan prolongado celibato), casto, puro y virgen el Hombre, aún a su edad: “yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean; y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes”.

Sale Sancho en defensa y aprobación del discurso realizado por su amo en la mejor forma que sabe, tirando de refranes: “júntate a los buenos y serás uno dellos», y soy yo de aquellos «no con quien naces, sino con quien paces», y de los «quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija;”. ¡Y qué vigencia tienen aún en nuestros días estos refranes!!.

El de negro (o “tiznao”) pregunta a Sancho si él es aquel escudero a quien su amo tiene prometida una ínsula; contesta afirmativo el escudero, y, entonces, tirando el Duque de imaginación más que de generosidad, concede a Sancho “el gobierno de una que tengo de nones, de no pequeña calidad”. Don Quijote manda a Sancho arrodillarse ante el Duque y besarle los pies por la merced que le ha hecho: “Hízolo así Sancho; lo cual visto por el eclesiástico, se levantó de la mesa, mohíno además, diciendo: -Por el hábito que tengo, que estoy por decir que es tan sandio Vuestra Excelencia como estos pecadores. ¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras! Quédese Vuestra Excelencia con ellos; que, en tanto que estuvieren en casa, me estaré yo en la mía, y me escusaré de reprehender lo que no puedo remediar.Y, sin decir más ni comer más, se fue,"

“¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras!”. Aquí están todos locos y loco acabaré yo como siga con ellos: estos fueron los pensamientos que hicieron al clérigo abandonar la mesa sin tomar segundo plato ni postre. Seguro que el Duque celebró “la levantada” del de luto, pues de otra forma hubiera descubierto los, también oscuros, planes burlescos que para nuestra entrañable pareja tenía reservado el muy bellaco aristócrata.

En levantándose los manteles llegaron cuatro doncellas con diversos artículos de toilette: palangana, aguamanil, jabón, toallas. Se acercaron a don Quijote y le pusieron el recipiente bajo las barbas, echándole agua sobre ellas y dándole jabón. Se las manosearon las barbas bien manoseadas (parece ser que esto era considerado como una gran burla hacia el barbado). No digamos que no le hiciera falta este fregado de barbas, que el resto del cuerpo añoraría, a pesar del chapuzón del Ebro. Pero…, y he aquí, el patético cuadro, resulta que de pronto se acaba el agua y las barbas de don Quijote están aún más que espumosas: si alguien ha visto a un peludo gato de Angora recién salido del baño puede imaginarse al hidalgo: “Mirábanle todos los que presentes estaban, que eran muchos, y como le veían con media vara de cuello, más que medianamente moreno, los ojos cerrados y las barbas llenas de jabón, fue gran maravilla y mucha discreción poder disimular la risa; las doncellas de la burla tenían los ojos bajos, sin osar mirar a sus señores; a ellos les retozaba la cólera y la risa en el cuerpo”. Media vara de cuello ennegrecido por el sol de La Mancha y el sufrimiento de la caballeresca vida, siempre de encantador a burlador.

Para restar sospechas por el lavado de las barbas de don Quijote, el duque ordenó que se las lavasen a él también; lo que visto por Sancho, dijo que si en aquel lugar era costumbre lavar las barbas en vez de las manos al acabar de comer, él no quería ser menos, que “salcochasen” también las suyas. A lo que la duquesa contestó que si era su deseo incluso podían ponerle en colada. Pero esto, por lo que se ve, ya debería ser demasiada higienización para Sancho. Al momento vemos a Sancho corriendo por los pasillos de palacio perseguido por una troupe de sirvientas, pero no huía porque temiera que ellas  manosearan sus barbas, sino porque querían lavárselas con el agua sucia de la fregona (o de haber lavado los platos).

Finalizados los referidos lavatorios, la duquesa pidió a don Quijote le “delinease y describiese” a Dulcinea, pero el hidalgo le contestó, con discurso no exento de retórico argumento, que “más estoy para llorarla que para describirla”. Recordemos pocos capítulos atrás, como por culpa de diversos encantadores, don Quijote llegó a pronunciar la vencida exclamación: “Yo no puedo más”. Y ahora, al recordar a Dulcinea convertida en fea labriega, más le pide el cuerpo llorarla que describirla, como queda dicho. Ahora bien, la prístina imagen de su amada la lleva impresa en su alma, tal como recuerda el soneto V de Garcilaso: “Escrito está en mi alma vuestro gesto…” (Nota de F. Rico). Hermosa y cierta frase pronuncia don Quijote como colofón a las virtudes de su amada: “Dulcinea es hija de sus obras, y que las virtudes adoban la sangre, y que en más se ha de estimar y tener un humilde virtuoso que un vicioso levantado”

Finaliza este luengo y enjundioso capítulo con el cese de la plática de sobremesa, “don Quijote se fue a reposar la siesta, y la duquesa pidió a sancho que, si no tenía mucha gana de dormir, viniese a pasar la tarde con ella y sus doncellas”. Con fastidio aceptó Sancho la invitación de la duquesa, porque la cosa no está para perdonar cuatro o cinco horas de siesta, que son las que él acostumbraba a dormir en las épocas estivales. Se iría pues a una estancia fresquita con aquella pandilla de féminas: ¡anda que si viera su Teresa Panza el éxito que tiene con las chicas!!!

REVULSIVA NOTA:

Este comentario pertenece a la Red de Comentarios Quijotescos que desde su blog La Acequia dirige el profesor Pedro Ojeda Escudero

13 comentarios:

pancho dijo...

Don Quijote no tolera muy bien que le reprendan en público; menos que el agente sea alguien que no salío de la aldea sino para ir al seminario. El ha recorrido toda la Mancha a lomos de Rocinante y bajado al subterráneo donde hay otra vida paralela llena de gente encantada. La palabra de DQ está en su punto, rayando a gran altura. Alcanza el punto álgido cuando habla de Dulcinea. Un Caballero enamorado que es capaz de tatuarse el nombre de su amada en el corazón y ponérselo a la duquesa en un plato por incapacidad de decir con palabras el amor que siente por ella.

Es lo malo que tienen los amores platónicos, sólo sirven para ponerlos en el plato. Por eso hay tan pocos de esos ahora, no hay tanta generosidad de corazones. S hace corro de doncellas ávidas por escucharle, lo veremos en el próximo, sentado como un gobernador pero hablando como escudero y comprobaremos si Teresa tiene razones o no.

Divertido comentario. Un abrazo

pancho dijo...

Es verdad, ahora veo que la entrada ha cambiado con esta foto tan sugestiva y los colores de las citas. Ahora sí creo que Teresa no debería dejar tan suelto a su Sancho.
Otro abrazo

María José dijo...

Antonio:

Los amores platónicos han existido y existirán siempre, pero son amores que hieren y hacen sufrir al enamorado.

La mejor arma es la palabra, por supuesto.

Un saludo.

Silvi (reikijai) dijo...

Muy Bueno ... ¡!! Antonio.De esos quedan muy pocos.Y Teresa hace muy bien en tenerlo con la rienda corta.Jaja ... Besitos.Silvi.

Lisístrata dijo...

si es q no nos gustan q nos llamen la atención en público, mucho menos si a pesar de haber metido la pata seguimos en nuestro convencimiento de q lo q hacemos es perfecto y coherente.

Saludos Antonio, si no doy señales de vida en un tiempo es q ando más lia q la pata un romano, pero sí q te leo junto a otros narcóticos fijos q tengo fichaos. La adicción es la adicción, jejejeej.

>;o]

Kety dijo...

"Con la iglesia hemos dado" tendría que haber dicho Sancho en esta ocasión.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Si es que Sancho tiene encanto...

El Gaucho Santillán dijo...

Como siempre, estupendo Antonio.

Tampoco a mì, me va que alguien me levante la voz, desubicadamente.

Saludos

Paco Cuesta dijo...

Ciertamente D.Quijote entra en singular batalla dialéctica, para salir vencedor de la única forma posible ante el clero.
Seguramente Sancho tiene presente la conversación con Teresa Panza "si no pensare antes de mucho tiempo verme gobernador de una ínsula..." y en consecuencia se arrodilla, ruega, afirma, lo que haga falta.

Cornelivs dijo...

Buen humor y sana ironia como siempre, querido Antonio.

Me gusta muchisimo...! Inteligente y divertido, donde los haya.

Un fuerte abrazo, amigo.

Cornelivs dijo...

http://cornelivs.blogspot.com/2010/01/1-aniversario-del-manifiestro-por-la.html

Imposible detenerme, amiga. En el enlace de arriba encontrarás mas información.

Gracias por anticipado y un enorme abrazo.

salvadorpliego dijo...

Maravilloso el escrito. Se prende de estas lecturas.

Un placer leerte.

Abejita de la Vega dijo...

Veremos lo que larga Sancho en el aposento de las mujeres.Si le tiran mucho...Se queda sin su siesta de cuatro o cinco horitas.
Divertida y revulsiva entrada, aunque el capítulo se las traía.
Un abrazo

ÑIÑA QUE HABLÓ ANTE LA O.N.U.