sábado, 9 de enero de 2010

CAP. 2.31 ¡Y cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón...

CAP. 2. 31




“¡Don tonto! ¡Don tonto! ¡Y cómo te viste tratar, mi loco sublime, por aquel grave varón, cifra y compendio de la verdadera tontería humana! El grave eclesiástico no debía de haber leído los Evangelios (en Mateo V,22 se lee) (…) y cualquiera que dijere a su hermano tonto será reo del infierno del fuego. Reo pues se hizo del infierno por haber llamado a don Quijote tonto” (Cita de Miguel de Unamuno, quien asestó un certero puyazo al eclesiástico que pretendía burlarse y tratar de sandio a nuestro don Quijote)

Este comentario pertenece a la Red de Comentarios Quijotescos, que desde su blog La Acequia dirige y controla el eximio (que no exangüe ni exiguo) profesor, Pedro Ojeda Escudero
CAP. 2. 31
Ya hemos visto las buenas migas que han hecho los Duques con don Quijote y Sancho: la Duquesa mayormente con Sancho, a quien agarra del brazo para que nadie se lo hurte de su uso y disfrute. Vemos a Sancho loco de contento por verse "en privanza con la Duquesa", convertido en su favorito de un rato para otro: "y así, tomaba la ocasión por la melena" (a la suerte, que era calva, con Sancho le creció melena), o el rábano por las hojas, o el cazo por el mango. Ya imaginaba la "vida padre" que se iba a pegar ("tordía tumbao", rodeado de guapas muchachas ofreciéndole "espumas de gallina" y otros muchos ricos manjares.

Llegan por fin a la casa de placer o castillo de los Duques, en cuyos jardines son recibidos con gran agasajo por una multitud de criados-as, como si vencedores de una gran guerra viniesen:"-Bien sea venido la flor y la nata (ahora se les olvidó decir "y espuma") de los caballeros andantes".

El Duque había preparado minuciosamente la puesta en escena del recibimiento y posterior estancia de nuestros amigos en el castillo.

“ Sancho, desamparando al rucio, se cosió con la duquesa y se entró en el castillo; y, remordiéndole la conciencia de que dejaba al jumento solo, se llegó a una reverenda dueña, que con otras a recebir a la duquesa había salido”

Le pide Sancho a la señora Rodríguez, que así se llama la dueña, que salga en busca de su rucio, porque el pobre es un tanto "medroso" y tiene timidez de entrar. Se niega la dueña, en rotundo, a obedecer a Sancho. Entonces Sancho echa mano de romance, tal vez escuchado de su amo que "es zahorí de las historias", y le espeta sin consideración a la doña Rodríguez, una de Lanzarote:

"Cuando de Bretaña vino,
que damas curaban del,
y dueñas de su rocino;"

Tras estos caballerescos versos, que son los primeros que escuchamos recitar a Sancho en todo lo que llevamos de Quijote (y es que este escudero acabará quijotizado), se inicia una bronca entre Sancho y la dueña: ella le hace a Sancho una soez burla con el dedo"que de mí no podréis llevar sino una higa"; Sancho le replica que higa (breva) más que madura será ella, o sea, que la llama vieja pelleja , lo que, escuchado por la Rodríguez, la hace montar en cólera y acordarse de la madre del escudero... "Hijo de puta, si soy vieja o no, a dios daré la cuenta, que no a vos, bellaco, harto de ajos". ¡ Vaya!, yo nunca hube visto a Sancho comiendo ajos: mendrugos de pan y escorias de queso las más de las veces.

La Duquesa y don Quijote ponen aquí paz y allí gloria. Y se acabó el pleito entre ambos por acomodar y nutrir, o no, al rucio. “Truhán moderno y majadero antiguo”, fueron los atributos que en esta ocasión adjudicó don Quijote a Sancho para que se comportara con circunspección: “ Por quien Dios es, Sancho, que te reportes, y que no descubras la hilaza de manera que caigan en la cuenta de que eres de villana y grosera tela tejido. Mira, pecador de ti, que en tanto más es tenido el señor cuanto tiene más honrados y bien nacidos criados, y que una de las ventajas mayores que llevan los príncipes a los demás hombres es que se sirven de criados tan buenos como ellos”.

Llegada la hora del almuerzo, una docena de pajes y el mayordomo al mando, dirigen a los invitados con suma pompa y majestuosidad hasta el comedor, a cuya puerta, han salido los Duques a recibirles; y con ellos: “ un grave eclesiástico, destos que gobiernan las casas de los príncipes; destos que, como no nacen príncipes, no aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo son; destos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos; destos que, queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, les hacen ser miserables;”

Ofreció el Duque la presidencia de la mesa a don Quijote, quien a fuerza de mucha insistencia aceptó el honor. Contó Sancho una historia a los presentes, con tal parsimonia, que exasperaba al clérigo y ponía furioso a don Quijote. Finalmente, el clérigo cayó en la cuenta de quienes eran don Quijote Y Sancho, “cuya historia leía el Duque de ordinario”. Entonces habló al Duque en estos términos:

“Vuestra Excelencia, señor mío, tiene que dar cuenta a Nuestro Señor de lo que hace este buen hombre. Este don Quijote, o don Tonto, o como se llama, imagino yo que no debe de ser tan mentecato como Vuestra Excelencia quiere que sea, dándole ocasiones a la mano para que lleve adelante sus sandeces y vaciedades.
Y, volviendo la plática a don Quijote, le dijo:
-Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines? Andad en hora buena, y en tal se os diga: volveos a vuestra casa, y criad vuestros hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando por el mundo, papando viento y dando que reír a cuantos os conocen y no conocen. ¿En dónde, nora tal, habéis vos hallado que hubo ni hay ahora caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?

Atento estuvo don Quijote a las razones de aquel venerable varón, y, viendo que ya callaba, sin guardar respeto a los duques, con semblante airado y alborotado rostro, se puso en pie y dijo...


Pero esta respuesta capítulo por sí merece."

REVULSIVA NOTA:
Se podrá apreciar que no me he estrujado mucho la cabeza en este capítulo (tal vez tampoco en muchos otros). Me han parecido de tanta calidad los fragmentos del libro que intercalo, que sería del todo imposible que con mis palabras quedara mejor ilustrado el comentario. Dado, además, que en el plano didáctico naufrago cual impube aficionado. “Doctores tiene esta Iglesia” para esos menesteres: “Maese” Pedro, Tuccí, Pancho, Abejita Zzznnn






9 comentarios:

pancho dijo...

Qué bien le sientan las expresiones taurinas a las citas del otro D. Miguel. Perfecto acople con el relato de esta semana.

No le parece bien a S el descuido que tienen en la casa de placer con su burro, pero Doña Rodríguez le sale respondona. Al final consigue que lo traten como a su misma persona, favorito de la duquesa. Me he vuelto a reír con tu comentario de la gresca.

El cura es el único cuerdo de todo el clan, por eso no tiene una estancia larga en el castillo. No podía ser que la Iglesia fuera cómplice del engaño, no pasaría la censura.

No intentes evadirte del comentario que nos has salido un adolescente aventajado.

Un abrazo.

pancho dijo...

Qué bien le sientan las expresiones taurinas a las citas del otro D. Miguel. Perfecto acople con el relato de esta semana.

No le parece bien a S el descuido que tienen en la casa de placer con su burro, pero Doña Rodríguez le sale respondona. Al final consigue que lo traten como a su misma persona, favorito de la duquesa. Me he vuelto a reír con tu comentario de la gresca.

El cura es el único cuerdo de todo el clan, por eso no tiene una estancia larga en el castillo. No podía ser que la Iglesia fuera cómplice del engaño, no pasaría la censura.

No intentes evadirte del comentario que nos has salido un adolescente aventajado.

Un abrazo.

Lisístrata dijo...

Me parece a mi, "Mesié" Aguilera, q ha sufrido usted un bajonazo de humildad que para nada me cuadra con su admirable poder de análisis de tan excelsa obra.

Te cuento anécdota revulsiva: Javier Krahe y Joaquín Sabina cuando asistieron en su juventud a ver un concierto de Bob Dylan (creo). Uno de ellos comentó: "pero qué bien canta el tío éste", a lo q el otro respondió de golpe: "pero eso no tiene mérito, el mérito lo tenemos nosotros (eran parte de la Mandrágora), q sin saber cantar, cantamos."

Pues eso, el mérito no está en hacer algo q por nuestro trabajo o don natural se hace con facilidad y holgura, sino en el esfuerzo en realizar aquello para lo q se supone no hemos sido preparados previamente y tenemos q afrontarlo desde nuestra propia intuición, autodidactia, esfuerzo y superación. Sin lugar a dudas lo consigues muy satisfactoriamente y tu redacción no sólo es fácil de entender sino q además nos dibujas la sonrisa con tus frases coloquiales, desenfadas y recurrentes.

un abrazo. >:0]

Myr dijo...

Pues yo si me lo estrujé y te invito a que me leas.

Besos

El Gaucho Santillán dijo...

Antonio, tù lo haces muy bien, y es por eso que se te lee.

Como siempre, he aprendido algo.

Saludos

Paco Cuesta dijo...

Como dices, los maestros han puesto el listón tan alto que ni con pértiga llegamos. Les seguimos lo más de cerca posible.

Abejita de la Vega dijo...

"...en el plano didáctico naufrago cual impube aficionado. “Doctores tiene esta Iglesia” para esos menesteres: “Maese” Pedro, Tuccí, Pancho, Abejita Zzznnn"
Ni yo soy doctora, ni tú eres un náufrago en el plano didáctico, cual impúber aficionado...tus comentarios son muy, pero que muy didácticos."Enseñar deleitando" es un gran objetivo pedagógico, no se practica mucho, desgraciadamente.
Mi grave eclesiástico era de piedra , los tuyos son de carne y hueso y...como levantan el brazo los tíos. Su madre, una santa.
Un abrazo

El Ente dijo...

Antonio que arte tienes hijo mío...

de camino te mando un fuerte abrazo que estoy un poco perdido por el trabajo...

Kety dijo...

Amigo Antonio, cuanta razón tienes en eso de “Doctores tiene esta Iglesia” para esos menesteres: “Maese” Pedro, Tuccí, Pancho, Abejita Zzznnn.
Tú no te queda atrás. En broma en broma, dices mucho.

Un abrazo

ÑIÑA QUE HABLÓ ANTE LA O.N.U.