sábado, 23 de enero de 2010


"Donde se reunan varias en mi nombre, allí estaré yo entre ellas": UY!!, no creo que durara mucho... Quien pronunció estas palabras no se refería necesariamente al género femenino, pero como Sancho echa la tarde con ellas, pues ahí que las pongo. . . Tampoco encontré duquesa, "la duque" en adelante.


Una vez que ya Sancho es arrastrado por el bando femenino con oscuros subterfugios, o tal vez, con aliños sin marca registrada, la duque le hace sentar a su vera en una silla “baja”. A partir de aquí es donde dice Cide Hamete que empieza la sabrosa plática entre ellos “digna de que se lea y de que se note” (que estemos atentos al mínimo detalle). Pero la alta señora lo que pretende es tirarle de la lengua a Sancho y divertirse a su costa. Desde ya, lo eleva de condición social, tratándolo desde este momento de gobernador. O sea, le alimenta el ego, ahora es una autoridad como ella misma: Sancho no se resistirá a las “encantadoras” preguntas de la duque; la siesta puede esperar.


De sopetón, le espeta la duque a Sancho que si olvidó la epístola de su amo para Dulcinea, en Sierra Morena, por qué diantres engañó a su señor y le retornó la respuesta de que estaba ahechando trigo y bla bla. Ante tamaña acusación, el pobre de Sancho . . .:” A estas razones, sin responder con alguna, se levantó Sancho de la silla, y, con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios, anduvo por toda la sala levantando los doseles; y luego, esto hecho, se volvió a sentar...” Y contestó a la duque que él tenía a su amo por loco rematado, aunque a veces hable con cierta cordura. La alta dama contra ataca ahora a Sancho con toda su artillería pesada, estableciendo una relación causa-efecto: «Pues don Quijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza su escudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a las vanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto que su amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señora duquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el que no sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?»

El bueno de Sancho añade resignado estas preciosas palabras:” Pero ésta fue mi suerte, y ésta mi malandanza; no puedo más, seguirle tengo: somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel; y así, es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón.” Toda una declaración de amor y fidelidad hasta la muerte son estas palabras de Sancho. Nada que ver con las que se dedican los novios delante del cura cuando se casan, aunque hueramente pronuncien también lo de “hasta que la muerte nos separe”. Porque Sancho está dispuesto a mucho más: a coger incluso la pala y el azadón cuando su señor “casque la cebolleta”.

Luego, con diversos sofismas y torcidos razonamientos, convence la duque a Sancho de que él no ha mentido a su amo en cuanto a lo de Dulcinea encantada en fea y chata labriega, que verdaderamente el encantamiento era real como la vida misma. Aprueba el escudero la nueva hipótesis porque, además, dios que todo lo sabe dilucidará el día del juicio final quien, como él, hizo bien y quién hizo mal.

Manda la duque a Sancho, harta de tomarle el pelo, a que sestee un rato para que a la hora de la cena esté lúcido y fresco para ser carne de burla de nuevo. Acepta encantado nuestro amigo, pero le recuerda que dé buena cuenta de su rucio, “que no le falte de na”, que el asno era la lumbre de sus ojos.

REVULSIVA NOTA:


Este comentario pertenece a la Red de Comentarios Quijotescos que desde su blog La Acequia dirige el profesor Pedro Ojeda Escudero

8 comentarios:

Lisístrata dijo...

hay q ver como nuestro Sancho, a pesar de ser un imprudente y hablar lo q no debe, por su simpleza e inocencia, da el toque de corazón siempre mágico y conmovedor de su fidelidad y amistad por DQ para tranquilidad de los fans de esta pareja de hecho.

Supongo que si el escudero se hubiera sospechado la maledicencia con que "la duque", ¡qué confianzas con la nobleza, Antonio! jejeej, le infiere hubiera driblado con otros mimbres.

Ya te contestaré acerca de la revista El Espolón, cuando pase el éxamen der English. Te dejé mi gratitud por el envío en la página de la revista, la itero de nuevo por aquí.

Un abrazo.

pancho dijo...

La duquesa sienta a Sancho en la silla baja para que no le haga sombra, así lo tiene dominado, más abajo. Para ella es la silla alta con respaldo, es su casa. S se levanta levantando doseles para pensar mejor la contestación a dar a la noble señora. No tiene reparo en llamar loco a su amo, porque sabe que está echao la siesta. De momento no peligran las costillas.

Se nos muestra como un escudero leal hasta la muerte. Sólo la pala y el pico los podrá separar. Qué mal oficio tiene que ser para ser lo único que logre separarlos.

S no está muy seguro de que su burro esté teniendo el mismo trato que Rocinante. Si los cuatro salen en la estampa juntos, no puede ser que haya diferencias en las caballerizas de los duques.

Bien se batió el cobre S entre todas las mujeres, no estaría tan seguro de que lo hiciera igual con tantas en la foto.

El Gaucho Santillán dijo...

Que personaje tan entrañabñe, este Sancho!!

Nada hay màs miserable, que el docto, (o que se tiene por Docto) burlàndose del iletrado.

Un abrazo, Antonio.

Cornelivs dijo...

Ese amor ú obsesión de Sanch hacia su rucio es encomiable, amigo Antonio.

Magnifico comentario el tuyo, como siempre.

Un enorme abrazo...!

Merche Pallarés dijo...

¡Ya estoy aquí! He leido varios de tus posts (me encantó "Rotas las cadenas") y, como siempre, la gracia con que desmenuzas los capítulos me chifla. Muchos besotes quijotescos, M.

Myr dijo...

Divertido es, como dice MERCHE, tu desmenuzamiento del capítulo.... y aqui tambiién el comentario de Pancho.

Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Pobre Sancho, en manos de quién está...
Eso sí, al rucio seguro que no le falta nada.
La foto, con enigma.

Abejita de la Vega dijo...

Es misteriosa tu foto.¿Las mujeres de tu vida?
La duque es una prepotente, pero Sabcho se derrite ante una señora tan aseñorada que le pide pasar con ella las horas de la siesta.
"Toda una declaración de amor y fidelidad hasta la muerte". Eso es, hasta el momento de la pala y el azadón. Pero no se sabe a cual de los dos le tocará empuñar la herramienta.
Es un placer visitar tu blog. Un abrazo para ti y para el de "toutou". Bendita sea la rama que al tronco sale. Chico listo.

ÑIÑA QUE HABLÓ ANTE LA O.N.U.