sábado, 10 de julio de 2010

Cap. 2. 57 DESPEDIDA DEL CASTILLO DE LOS DUQUES Y..., “A LA RECHERCHE DE LA LIGÁ PERDU”.

Tal vez las ligas de Altisidora fueran de encajes como la que se muestra en la imagen. Sancho dijo
a mí que me registren que las ligas no las tengo.


CAP 2.57

Con la venia de los duques, se encontraba don Quijote en la plaza del castillo, armado y acompañado de Sancho, presto a fatigar el camino a Zaragoza. Pero se torció un tanto la despedida por la aparición de la desvergonzada y atrevida Altisidora.

La doncella acusa a don Quijote, no sólo de hurtarle mil suspiros, sino además también de robarle tres tocadores y unas ligas. Faltó el canto de un pelo para que entrara don Quijote en combate con el duque; retado por éste, y acusado de latrocinio de las prendas menores de la doncella Altisidora. Don Quijote dijo al duque que de ninguna manera aceptaría el reto, él le debía agradecimiento eterno por todas las mercedes recibidas durante su estancia en el castillo.

Preguntado Sancho por don Quijote que si algo sabía de aquella pérdida de trapillos, tuvo que admitir el escudero que los tocadores de dormir se había apropiado indebidamente de ellos, porque el cauce normal para obtenerlos hubiese sido haberlos pedido cortésmente a la doncella, argumentándole que los necesitaba para recogerse el pelo a la hora de dormir, pues en todas las semanas que llevaba bajo el techo de los duques no había acudido al peluquero; y aquello ya no eran pelos sino greñas al estilo hippy. Ahora, de las ligas,  sí es verdad que él no sabe nada, que aunque greñudo, muy seguro de su virilidad, ni se le había pasado nunca por la cabeza convertirse en Drag Queen.

Altisidora, de magnánimo nombre,  pero despechada por amor -según su falsa representación-, enhebra una serie de insultos hacia don Quijote en un inesperado romance que recita de memoria delante de todos los circunstantes. Hasta la duquesa quedó boquiabierta de lo atrevida y lenguaraz de su doncella. Entre otras lindezas Altisidora acusa a don Quijote de rehuirla como a una serpiente fiera, ella que es corderilla y está lejos de ser oveja (o sea, tierna para hincarle el diente). En una estrofa muy graciosa y conseguida lo acusa del hurto antes mencionado: “Llévaste tres tocadores/ y unas ligas de unas piernas/ que al mármol puro se igualan/ en lisas, blancas y negras”. Finalmente le espeta unos esputos linguísticos en este romance, unas maldiciones que no se le desean ni al peor enemigo: como que nunca se produzca el desencanto de Dulcinea; que sus aventuras en desventuras se vuelvan; que pierda en el juego de naipes; y, finalmente, que padeciera varios sufrimientos físicos si al callista o dentista visitara, el uno que le apurase el callo hasta sangrar; el sacamuelas que le dejara los raigones sin extraer.

Para concluir, y no para rebajar precisamente el tono de la burla, Altisidora reconoce que se ha precipitado en la acusación del robo de las ligas, y que se acaba de percatar de que las tiene puestas (no sé por qué esta expresión crea una imagen mental en el lector masculino, en torno al blancor de las piernas portaligas, y sobre la altura en las que pudieran estar insertadas. Y es que este Cervantes después de todo es un viejo verde: la mente nunca se jubila).

Arreglado y esclarecido el asunto de las prendas accesorias, saluda don Quijote, bajando la cabeza, a los duques y circunstantes, seguido de Sancho, y toma el camino de Zaragoza.

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia

8 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Muy bueno! Es que, como siempre digo, El Quijote es una novela MUY erótica y pornográfica para su época. Porque es verdad que eso de la liga tiene su miga... Besotes castos, M.

Kety dijo...

Como siempre, irónico y genial.
Un abrazo

Antonio, gracias por la información sobre lola, - mi conejilla-, ahora entiendo por qué tiene ese lustre.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Es que la muchacha esta cabreada por no haber conseguido que su provocación tuviese fruto y ahora actúa por despecho. De todas formas lo bueno es que ya abandonan la casa de estos puñeteros.
Pues remojate amigo Antonio, que la "calo" aprieta.. Lo bueno es que los cangrejillos los vas a pescar cocios Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Un poquillo de viejo verde...igual, pobre Cervantes.
Ay, qué liga. No sé a qué altura... No me imagino cómo sería una liga en el XVII, algo más recia, supongo yo. En cuanto a las piernas dice que son lisas, maravillosas, no tiene abuela la niña. Blancas o negras, le da igual. De todas maneras como el mármol.
Sus palabras son esputos lingüísticos, buena definición. Al final del romance, degeneran en maldición gitana, con todo el respeto por las minorías.
un abrazo

Un abrazo

Lisístrata dijo...

siempre merece la pena pasarse por aquí, pues el rato q se echa de lectura es de lo más divertido.
Ando ahora un poco desconectada y cuando conecto tengo artículos adocenados, pero ni por asomo dejo en el olvido lo q nos escribes en tus páginas, antes o después aquí estoy, merece la pena! gracias!

Asun dijo...

jajajajaja cuando leí el capítulo, no sé muy bien por qué, pero pensé que harías alguna alusión a las ligas, y ya veo que no iba descaminada jajajajaja.

Muy gráfica la expresión de que le "espeta los esputos lingüísticos". Lo deja asaeteado.

Besos, y cuidado con las calores.

PD: mañana me encamino yo "p'al zú". Aunque espero que en la playa la caló sea llevadera

Paco Cuesta dijo...

Si las ligas no salieron de su lugar natural, se supone que no hubo "ligue" de lo que se deduce la tranquilidad de don Quijote y el enfado de Altisidora.
Elemental querido Watson.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Quien sabe si no se había pensado travestir, quién sabe...

ÑIÑA QUE HABLÓ ANTE LA O.N.U.