La confirmación, desde dentro de la novela, del Rodrigo homosexual nos la da Conchitón: "Te gustan los chicos guapos…Ya, Ya, no me lo niegues: yo lo sé esas cosas se notan”. (Sirva asímismo la imagen para deleite de la platea femenina)
Me hubiera gustado, aunque fuera brevemente, haber abordado otras caras de este gran poliedro que es “Inquietud en el Paraíso”. Porque tan plagada (de plaga benigna y reconfortante) está la novela de sexo como de comicidad (con algunas pasajes te partes la mandíbula de risa); y no menos lo está también de esperpento y locura. Pero uno no puede estar al mismo tiempo en misa y replicando, o en el caldo y en las tajadas. El factor tiempo nos emascula la mayor parte de las iniciativas que ya nos gustaría abordar.
Pero sobre todo la novela es Historia, narrada de tal manera que si así se les explicara a los jóvenes estudiantes la asimilarían mucho mejor que con el libro puro y duro de dicha disciplina. Aunque, ojo, hay que gastar mucho cuidado con la “Novela Histórica”, pues no todas poseen el rigor de documentación que debe anteceder a su escritura. Pero esta parcela más científica tiene sus propios profesionales investigadores (llámense Fernández Álvarez o Manuel Tuccitano)
El resultado para mí, es una sabrosa cocción del mejor esperpento de Valle-Inclán, en guarnición con el último surrealismo de García Lorca (El Público), y todo ello adobado con la sana y omnipresente locura de don Quijote (El viaje de ascenso al Purgatorio cual descenso a la Cueva de Montesinos, u otras locuras)
Como yo me decanté por rastrear la pista erótica de la obra, tanto la empírea de Rodrigo, como la vulgar y a veces soez de los militares (para quienes, por cierto, obligaron por decreto a Conchitón, a reservar el lupanar de su propiedad) continuaré hoy con dicha faena:
Pág. 193 Donde dice Julián a su sobrino Román, cuando se entera que el sobrino no sabe leer ni escribir: “También hay macacos adiestrados que son capaces de escribir letras y aun de componer sonetos con rima perfecta, y caballos percherones que hacen cuentas y relinchan…”Quizás alguien no encuentre “senso-sexualidad” en el párrafo anterior. Lo más que puedo hacer es remitirle al siguiente enlace Aquí, donde Lorca utiliza el caballo como símbolo erótico, y es una de las obras donde con más intensidad vuelca el granadino su homosexualidad.
Pág. 196 El capitán Paisán se adentra en las caballerizas “se dirigió a su caballo favorito, Tormento, y le acarició el lomo y el costado para tranquilizarlo (…). Pensaba que era más sensual la cercanía de aquel caballo que la de muchas mujeres” Aquí encontramos de nuevo al caballo como símbolo erótico.
Pág. 234 “Sanjurjo era una bestia inculta, sin ningún criterio intelectual ni político. Eso sí, había demostrado ser valiente y honrado, y sus soldados le veneraban porque era como ellos: putero, tabernario, simpático, simple, patriotero, con un resentimiento feroz hacia cualquier oficial mínimamente pulcro e ilustrado”. Un gran fanfarrón sin duda.
Pág 235 “Tengo comprobado (…) que la forma, tamaño y grosor de los genitales masculinos está en proporción directa con la nariz que cada uno calza, de tal modo que conociendo la napia de alguien puede usted saber qué tamaño gasta de pene” (Lo siento por las mujeres de los chatos…). Esquivias no pierde ocasión de sacar a relucir el sexo, es una constante en la novela. Aunque me ha llamado atención el no haber encontrado nada erótico ni sexual en las últimas 50 páginas; seguramente porque hay más violencia, los efectos de la guerra se palpan con más crueldad (asesinatos de Román y Antonio José) y no sería del gusto del lector “frivolizar” rodeado de dolor.
Pág. 264 Rodrigo escucha ruido en las duchas del seminario, abre la puerta y se encuentra a un grupo de chicos “que mostraban su desnudez con la naturalidad de los dioses mitológicos del Salón de Recreo”. Uno de aquellos chicos le pregunta quién es a Rodrigo, él piensa la misma respuesta que en la segunda página del libro “Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira…. Pero como de costumbre, no se atrevió a decirlo. El sólo pensar la palabra Amor ante un chico desnudo le llenaba de vergüenza “.
Pág. 326 Conchitón refiere a Rodrigo que su burdel ha quedado sólo al servicio de oficiales del ejército, algunos son jóvenes alféreces, de los cuales la madama dice a Rodrigo:”Tenías que ver qué chicos más guapos y más bien educaditos vienen, te gustarían”. En la página siguiente continúa afirmándole Conchitón a Rodrigo: “Te gustan los chicos guapos…Ya, Ya, no me lo niegues: yo lo sé esas cosas se notan”. Y no le vamos a llevar la contraria a Conchitón. ¿Quién va a saber mejor que ella quien es marica o no lo es? Ella ha tenido algunos en su prostíbulo, clientes ha tenido para todos los gustos. Según mi opinión la afirmación de Conchitón es el bautizo o confirmación (cualquiera de los dos sacramentos puede ser válido) desde dentro de la novela de la homosexualidad de Rodrigo. He de reconocer que el concienzudo comentario del Sr de la Vega en mi entrada anterior, me hizo pensar un tanto, pero no dudar, sobre la condición sexual de Rodrigo: Rodrigo es gay como el ser que lo creó (esta “característica” del creador la leí de Abejita en el blog de Merche Pallarés).
Hay otras connotaciones sexuales y sensuales en el libro, pero enumerarlas sería muy largo; pongo algunas referencias muy de pasada: Las grotescas y groseras alusiones al respecto de algunos militares. El rastro de estrógeno que va dejando Conchita Plaza alrededor de los hombres que se cruzan en su camino. El forzoso e histérico celibato que oprime a Pilar Dorronsoro. “El extraviado sexual Gregorio Marañón” elevado al cargo de “tocólogo de la República”
Nota Revulsiva:
Comentario que pertenece al Foro de Lectura de La Acequia, coordinado por el profesor Pedro Ojeda Escudero
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sábado, 22 de enero de 2011
sábado, 15 de enero de 2011
Sexualidad en "Inquietud en el paraíso” (II)
Rodrigo es seminarsita en Burgos
En mi entrada anterior, algunos comentaristas han opinado que, con los datos que se ofrecen en la novela, es muy arriesgado asegurar que Rodrigo –cual alter ego de Esquivias- es homosexual. Para mí, aunque mi condición sea hetero, no me es ajeno el mundo, la sensibilidad y la creatividad gay. Y no sólo por el conocimiento de algunas de sus obras (de Lorca lo he leído casi todo); puedo también mencionar a Cernuda, Aleixandre, Oscar Wilde; algo de Proust. Sé que sería larga la lista de escritores homosexuales, pero a mí me bastan con los que conozco para “arriesgarme” a asegurar que, en la mayoría de los casos, el universo creado por el artista homosexual es fácilmente diferenciable al creado por el hetero, y que mi opinión personal es que el tanto por ciento mayor, dentro de las obras de arte, procede de creadores gays, extensible a otros que podemos denominar “diferentes”, o hay quien les dice “raros”.
Será casualidad, pero en mi ámbito local, dentro de mis allegados y amigos creadores, la mayoría son gays. Por todo ello puedo decir que su obra me es cercana y reconocible sin dudar mucho. Su sensibilidad es diferente (no son ni más ni menos sensibles) y su obra es fruto de su particular parto, es su descendencia: sus obras son sus hijos. Pero como cualquier humano puedo errar en lo más evidente y no acertar (tampoco importa tanto) en si el creador es de una u otra condición sexual. Sólo digo que es diferente y me es cercano.
Óscar Esquivias plaga toda la novela de referencias con contenido sexual. En otras ocasiones es menos explícito pero, cuando se lo propone, derrama abundante sensualidad.
Hablando de Rodrigo, nos dice el autor en la Pág. 108: Y, lo mismo que era capaz de admirar su cuerpo en el espejo como si fuera de otro y excitarse con él… (Si el varón que se excita observando otro cuerpo masculino no es homosexual, que venga dios y lo vea. La imagen que monté en mi entrada anterior, del hermafrodita que se excita mirándose en el espejo, pertenecería a este texto, pero con las prisas erré)
Pág. 111 En ella el autor dice sobre Rodrigo y su entrada en el seminario: Era feliz porque sabía que aquélla había sido su única oportunidad de escapar del pueblo, de estudiar, de poder dedicarse a la música, de estar cerca de la poesía y de Dios, de evitar el matrimonio y los negocios familiares. (Si para Rodrigo es un alivio evitar el matrimonio, tal vez por su condición antes descrita, no creo que todos los heteros piensen igual; aunque estos convencionalismos sociales…)
Pág. 161 Julián y su sobrino Román tocan a la puerta de la casa del fabricante de zapatillas Dorronsoro, la criada abre la puerta y va a avisar al industrial, mientras una bocanada de aire abre por completo la puerta de la casa “mostrando el inmenso zaguán repleto de muebles, espejos y la gran escultura de un zulú desnudo, con su lanza amenazante” (me abstengo de opinar, no quiero hacer un chiste fácil)
Pág. 162 Como continuación a la escena anterior, entra en escena Pilar, hermana de Perfecto Dorronsoro, pensando que Julián y su sobrino son lecheros, familiares de una querida con quien su hermano se las entiende. Don Perfecto defiende el amor entre personas de distinta clase social; pero su hermana Pilar estalla: “ –Yo no le recrimino nada a tu corazón . Me preocupan más las nobles pasiones de tu… de tu… de tu `polla. Aquello sonó como una explosión y todos quedaron paralizados. Que doña Pilar dijera “polla” era algo inaudito. (…) Costaba imaginar que hubiera visto nunca un hombre sin chaqueta y corbata y que supiera lo que escondían los varones debajo del calzoncillo. Pero doña Pilar dijo “polla” y entonces sólo cabía esperar que se rasgara el velo del templo y un terremoto destruyera Burgos. Sin embargo, no pasó nada” (¿cómo le contaría en confesión doña Pilar al cura que esta “escandalosa” palabra había salido de su boca? ¡Qué vergüenza!)
Pág 172 Rodrigo visita a Antonio José, maestro de música, para solicitarle clases particulares. El narrador nos ofrece unos fragmentos de inusitada sensualidad. Dice de Antonio José: “Tenía los labios muy finos y los humedecía de continuo con la punta de la lengua; a veces los fruncía de repente, como si le viniera la tentación de besar a la persona con la que hablaba y se reprimiera de hacerlo y dejara el beso en el aire (…) Había algo más que emanaba de su persona, una especie de sensualidad oscura que Rodrigo percibió en seguida. Sí, Antonio José olía también a sexo solitario y, más que eso, a sexo robado de las miradas y las caricias de los demás. (…) Había en él una disponibilidad casi absoluta, la de esas personas que parecen implorar continuamente con la mirada que las desnuden y las acaricien. (…) Estaba seguro de que si le pidiera que le besara, aquel hombre lo haría. Depositó el vaso en la bandeja y dijo: - ¿Cuándo podemos empezar entonces? - Empezar ¿a qué? -Las clases. - ¡Ah, las clases!
¿En qué otra cosa estaría Rodrigo pensando? ¿A qué sexualidad oscura de Antonio José se refiere Esquivias?. En el fragmento se vislumbra una magnífica sintonía entre Rodrigo y Antonio José; me atrevería a decir que se produjo un flechazo entre ellos. No se puede ir más allá en una sensualidad que merodea en busca de sexo.
Nota Revulsiva:
Voy algo retrasadillo, me quedan unas 100 páginas por leer. Espero completar esta serie el sábado próximo.
En mi entrada anterior, algunos comentaristas han opinado que, con los datos que se ofrecen en la novela, es muy arriesgado asegurar que Rodrigo –cual alter ego de Esquivias- es homosexual. Para mí, aunque mi condición sea hetero, no me es ajeno el mundo, la sensibilidad y la creatividad gay. Y no sólo por el conocimiento de algunas de sus obras (de Lorca lo he leído casi todo); puedo también mencionar a Cernuda, Aleixandre, Oscar Wilde; algo de Proust. Sé que sería larga la lista de escritores homosexuales, pero a mí me bastan con los que conozco para “arriesgarme” a asegurar que, en la mayoría de los casos, el universo creado por el artista homosexual es fácilmente diferenciable al creado por el hetero, y que mi opinión personal es que el tanto por ciento mayor, dentro de las obras de arte, procede de creadores gays, extensible a otros que podemos denominar “diferentes”, o hay quien les dice “raros”.
Será casualidad, pero en mi ámbito local, dentro de mis allegados y amigos creadores, la mayoría son gays. Por todo ello puedo decir que su obra me es cercana y reconocible sin dudar mucho. Su sensibilidad es diferente (no son ni más ni menos sensibles) y su obra es fruto de su particular parto, es su descendencia: sus obras son sus hijos. Pero como cualquier humano puedo errar en lo más evidente y no acertar (tampoco importa tanto) en si el creador es de una u otra condición sexual. Sólo digo que es diferente y me es cercano.
Óscar Esquivias plaga toda la novela de referencias con contenido sexual. En otras ocasiones es menos explícito pero, cuando se lo propone, derrama abundante sensualidad.
Hablando de Rodrigo, nos dice el autor en la Pág. 108: Y, lo mismo que era capaz de admirar su cuerpo en el espejo como si fuera de otro y excitarse con él… (Si el varón que se excita observando otro cuerpo masculino no es homosexual, que venga dios y lo vea. La imagen que monté en mi entrada anterior, del hermafrodita que se excita mirándose en el espejo, pertenecería a este texto, pero con las prisas erré)
Pág. 111 En ella el autor dice sobre Rodrigo y su entrada en el seminario: Era feliz porque sabía que aquélla había sido su única oportunidad de escapar del pueblo, de estudiar, de poder dedicarse a la música, de estar cerca de la poesía y de Dios, de evitar el matrimonio y los negocios familiares. (Si para Rodrigo es un alivio evitar el matrimonio, tal vez por su condición antes descrita, no creo que todos los heteros piensen igual; aunque estos convencionalismos sociales…)
Pág. 161 Julián y su sobrino Román tocan a la puerta de la casa del fabricante de zapatillas Dorronsoro, la criada abre la puerta y va a avisar al industrial, mientras una bocanada de aire abre por completo la puerta de la casa “mostrando el inmenso zaguán repleto de muebles, espejos y la gran escultura de un zulú desnudo, con su lanza amenazante” (me abstengo de opinar, no quiero hacer un chiste fácil)
Pág. 162 Como continuación a la escena anterior, entra en escena Pilar, hermana de Perfecto Dorronsoro, pensando que Julián y su sobrino son lecheros, familiares de una querida con quien su hermano se las entiende. Don Perfecto defiende el amor entre personas de distinta clase social; pero su hermana Pilar estalla: “ –Yo no le recrimino nada a tu corazón . Me preocupan más las nobles pasiones de tu… de tu… de tu `polla. Aquello sonó como una explosión y todos quedaron paralizados. Que doña Pilar dijera “polla” era algo inaudito. (…) Costaba imaginar que hubiera visto nunca un hombre sin chaqueta y corbata y que supiera lo que escondían los varones debajo del calzoncillo. Pero doña Pilar dijo “polla” y entonces sólo cabía esperar que se rasgara el velo del templo y un terremoto destruyera Burgos. Sin embargo, no pasó nada” (¿cómo le contaría en confesión doña Pilar al cura que esta “escandalosa” palabra había salido de su boca? ¡Qué vergüenza!)
Pág 172 Rodrigo visita a Antonio José, maestro de música, para solicitarle clases particulares. El narrador nos ofrece unos fragmentos de inusitada sensualidad. Dice de Antonio José: “Tenía los labios muy finos y los humedecía de continuo con la punta de la lengua; a veces los fruncía de repente, como si le viniera la tentación de besar a la persona con la que hablaba y se reprimiera de hacerlo y dejara el beso en el aire (…) Había algo más que emanaba de su persona, una especie de sensualidad oscura que Rodrigo percibió en seguida. Sí, Antonio José olía también a sexo solitario y, más que eso, a sexo robado de las miradas y las caricias de los demás. (…) Había en él una disponibilidad casi absoluta, la de esas personas que parecen implorar continuamente con la mirada que las desnuden y las acaricien. (…) Estaba seguro de que si le pidiera que le besara, aquel hombre lo haría. Depositó el vaso en la bandeja y dijo: - ¿Cuándo podemos empezar entonces? - Empezar ¿a qué? -Las clases. - ¡Ah, las clases!
¿En qué otra cosa estaría Rodrigo pensando? ¿A qué sexualidad oscura de Antonio José se refiere Esquivias?. En el fragmento se vislumbra una magnífica sintonía entre Rodrigo y Antonio José; me atrevería a decir que se produjo un flechazo entre ellos. No se puede ir más allá en una sensualidad que merodea en busca de sexo.
Nota Revulsiva:
Voy algo retrasadillo, me quedan unas 100 páginas por leer. Espero completar esta serie el sábado próximo.
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sábado, 8 de enero de 2011
Sexualidad e inquietud en el paraíso (I)
Dice la leyenda que hermafrodita, que tenía atributos tanto masculinos como femeninos, al contemplar la belleza de su cuerpo ante el espejo, se excitaba sexualmente y dichos atributos modificaban su estado de relajación estando prestos a entrar en acción.
No he leído aún medio libro del que nos ocupa estos días "Inquietud en el Paraíso", por lo que todavía no estoy en condiciones de emitir unas visiones más o menos definitivas o acertadas sobre él; para mí todo es relativo, y lo que hoy parece blanco mañana es de un gris nítido o de un verde pradera primaveral: sea inducido, o no, por el autor de la obra. Esta perspectiva me produce un tanto de pudor y por ello tengo mis reticencias a la hora de exteriorizar mis opiniones. Uno de mis recursos para que mi ignorancia no quede en evidencia es usar y, a veces, abusar del ¿buen? humor: el resultado a veces puede salir cómico y otras ridículo. Pero en cualquier caso se sale airoso. Además me consuela escuchar (sobre todo de nuestro querido Maese Pedro), que cada lector hace su propia lectura del libro; como cada persona, como las huellas dactilares, es un mundo.
Bueno, esta perorata introductoria viene a cuento porque, como he dicho más arriba, no sé de momento dar una opinión global de lo que llevo leído (tal vez nunca la dé).
Me voy a centrar en algunos detalles senso-sexuales que me han llamado la atención de lo, hasta ahora, leído.
Pág. 12.- Me llama la atención encontrar la siguiente expresión –que es respuesta para sí mismo- nada más leer la 2ª pag cuando el doctor Albiñana pregunta a Rodrigo por su nombre ( Rubén le da pistas) : ¡Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira, escribo cuanto me dice y así lo canto! ¡Quien quiera conocer a Amor, puede mirar el temblor de mis ojos! –Pues ese soy yo-
Continúa con la siguiente respuesta interior cuando el doctor Albiñana le pregunta por sus progenitores: “Fue el Dios Apolo, bajo apariencia de pastor, quien fecundó a mi madre entre los laureles del Peloponeso” No me extraña que en la cuna del Cid a un hijo varón se le llame Rodrigo (nombre sonoro y significativo, que dijera don Quijote), símbolo de virilidad con fuerte aroma a testosterona. Al escuchar estas respuestas más bien me imagino a Oscar Wilde, a Rosalía o a Becquer, pero nunca pensaría en nadie llamado Rodrigo. Me produce una clara dicotomía mental. Aunque no somos responsables de nuestro nombre, no nos consultaron al elegirlo.
Pág. 59.- Aquí nos encontramos a Rodrigo acompañando hasta su casa a un beodo Eduardo Ontañón, quien aprovechando su estado de embriaguez, por las copas de más ingeridas tras la conferencia en el teatro, le va soltando algunas perlas al seminarista (es vox populis que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad): El matrimonio es una filfa. Te da una hembra pero te quita todas la demás`, ¡ay qué tortura! ¡Qué suerte tienes tú Rodrigo con que no te gusten las mujeres! (….). Un sacerdote (siquiera en potencia) no tiene sexo. La batalla contra la carne era interior, sorda y cada cual se las apañaba como mejor podía. Era algo de lo que no se hablaba nunca, ni en el seminario ni fuera. Y menos cuando la tentación no tenía forma de hembra. Si en los pensamientos de Rodrigo la tentación no tenía forma de “Eva” (como a algunos nos trae por la calle de la amargura) es porque la tendría en forma de Adán. Más claro el agua. Esquivias es un gran profesional describiendo estas sensibilidades, con un muy logrado y sutil estilo poéticol.
Pág. 60 Pero Ontañón había asegurado hacía meses que el paseo de los Curas, por la noche era el “paseo de los Chicos”. Esa simple frase, dejada caer al azar en una charla le había llenado de pálpitos a Gorostiza (que éste es el apellido de Rodrigo), cuya fantasía prendía en cualquier alusión oscura y se arraigaba y crecía poderosa. Creo que queda más que de sobra demostrado la exquisita sensibilidad y habilidad de Esquivias al tratar el tema de la homosexualidad (¿con conocimiento de causa de primera mano?)
REVULSIVA NOTA:
Son las 8 de la tarde y he agotado el tiempo disponible para postear. Intentaré hacer una segunda entrada sobre la "senso-sexualidad" en cuanto pueda. Y leer la 180 páginas que me quedan..............
No he leído aún medio libro del que nos ocupa estos días "Inquietud en el Paraíso", por lo que todavía no estoy en condiciones de emitir unas visiones más o menos definitivas o acertadas sobre él; para mí todo es relativo, y lo que hoy parece blanco mañana es de un gris nítido o de un verde pradera primaveral: sea inducido, o no, por el autor de la obra. Esta perspectiva me produce un tanto de pudor y por ello tengo mis reticencias a la hora de exteriorizar mis opiniones. Uno de mis recursos para que mi ignorancia no quede en evidencia es usar y, a veces, abusar del ¿buen? humor: el resultado a veces puede salir cómico y otras ridículo. Pero en cualquier caso se sale airoso. Además me consuela escuchar (sobre todo de nuestro querido Maese Pedro), que cada lector hace su propia lectura del libro; como cada persona, como las huellas dactilares, es un mundo.
Bueno, esta perorata introductoria viene a cuento porque, como he dicho más arriba, no sé de momento dar una opinión global de lo que llevo leído (tal vez nunca la dé).
Me voy a centrar en algunos detalles senso-sexuales que me han llamado la atención de lo, hasta ahora, leído.
Pág. 12.- Me llama la atención encontrar la siguiente expresión –que es respuesta para sí mismo- nada más leer la 2ª pag cuando el doctor Albiñana pregunta a Rodrigo por su nombre ( Rubén le da pistas) : ¡Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira, escribo cuanto me dice y así lo canto! ¡Quien quiera conocer a Amor, puede mirar el temblor de mis ojos! –Pues ese soy yo-
Continúa con la siguiente respuesta interior cuando el doctor Albiñana le pregunta por sus progenitores: “Fue el Dios Apolo, bajo apariencia de pastor, quien fecundó a mi madre entre los laureles del Peloponeso” No me extraña que en la cuna del Cid a un hijo varón se le llame Rodrigo (nombre sonoro y significativo, que dijera don Quijote), símbolo de virilidad con fuerte aroma a testosterona. Al escuchar estas respuestas más bien me imagino a Oscar Wilde, a Rosalía o a Becquer, pero nunca pensaría en nadie llamado Rodrigo. Me produce una clara dicotomía mental. Aunque no somos responsables de nuestro nombre, no nos consultaron al elegirlo.
Pág. 59.- Aquí nos encontramos a Rodrigo acompañando hasta su casa a un beodo Eduardo Ontañón, quien aprovechando su estado de embriaguez, por las copas de más ingeridas tras la conferencia en el teatro, le va soltando algunas perlas al seminarista (es vox populis que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad): El matrimonio es una filfa. Te da una hembra pero te quita todas la demás`, ¡ay qué tortura! ¡Qué suerte tienes tú Rodrigo con que no te gusten las mujeres! (….). Un sacerdote (siquiera en potencia) no tiene sexo. La batalla contra la carne era interior, sorda y cada cual se las apañaba como mejor podía. Era algo de lo que no se hablaba nunca, ni en el seminario ni fuera. Y menos cuando la tentación no tenía forma de hembra. Si en los pensamientos de Rodrigo la tentación no tenía forma de “Eva” (como a algunos nos trae por la calle de la amargura) es porque la tendría en forma de Adán. Más claro el agua. Esquivias es un gran profesional describiendo estas sensibilidades, con un muy logrado y sutil estilo poéticol.
Pág. 60 Pero Ontañón había asegurado hacía meses que el paseo de los Curas, por la noche era el “paseo de los Chicos”. Esa simple frase, dejada caer al azar en una charla le había llenado de pálpitos a Gorostiza (que éste es el apellido de Rodrigo), cuya fantasía prendía en cualquier alusión oscura y se arraigaba y crecía poderosa. Creo que queda más que de sobra demostrado la exquisita sensibilidad y habilidad de Esquivias al tratar el tema de la homosexualidad (¿con conocimiento de causa de primera mano?)
REVULSIVA NOTA:
Son las 8 de la tarde y he agotado el tiempo disponible para postear. Intentaré hacer una segunda entrada sobre la "senso-sexualidad" en cuanto pueda. Y leer la 180 páginas que me quedan..............
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