Repito esta imagen, fruto del ingeno de Ojito Saltón (cuando él finalice la web de Pricampo, le pediré que nos obsequie con algún collage...picantillo...) y que publiqué en fechas estivales. Pedro no necesita presentación (nótense las horas de gimnasio); Abejita, haciendo honor a su nombre, siempre enriqueciéndo su panal mental; Selma, a quien echamos mucho de menos y la siempre joven maciza jubilata Merche Pallarés. El de la bacía y el sombrero creo que les sonará sus caras.
No le sirvieron de nada a don Quijote los entrenamientos previos y las horas de gimnasio para ponerse “cachas”, por el inminente duelo para cambio de estado civil, que iba a mantener con el usurpador de la honra de la hija de La Rodri. Ya nos advierte desde un principio, el verdadero autor de esta obra, de que algo inusual, atípico y fuera de toda lógica iba a suceder en el trascurso de la acción: de una descomunal batalla que no se celebrará por repentino enamoramiento.
Como ya vimos en el cap. de marras, el usurpador original de “la cosa” de la niña de La Rodri huyó a acompañar (o, a lo mejor, a cantar) flamenco-s; flamenco que era el “gachó”, como guerra y lata dieron los de Flandes. Más la identidad de este usurpador fue usurpada para poder enfrentarse con don Quijote por el Grande Lacayo Tosilos: designado directamente para tal empresa por los duques, que por nada del mundo se querían perder un duelo en el que participara el hidalgo manchego. Burlas y bufonadas de circo; humillaciones, distracciones y entretenimientos varios, a costa de nuestro caballero y escudero respectivo, no le faltaron a los duques:¡ qué aburrida será la vida en el castillo ducal cuando nuestra pareja falte!.
Previo a la salida al campo de batalla de los contendientes, los duques habían dado algunas instrucciones a su Gran Lacayo Tosilos, referente a los modos en los que debía embestir a don Quijote. Los duques no querían un gran derrame de sangre, todo lo más unos rasguños y magulladuras al más puro estilo gatuno, tal como ya recibiera don Quijote en días pasados.
Llega la hora de la verdad. Por una parte del campo aparece el Grande Lacayo Tosilos montado en un también grande caballo frisón que rondaba la tonelada de peso (qué manantial de chuletas para aquellos tiempos...e, incluso, para los de ahora). Tenía el frisón del Tosilos una arroba de lana en los bajos de cada extremidad, lo que dejaba dudas en cuanto si sería dañino en caso de ser embestido por ellas, o provocaría al sujeto pasivo una muerte tierna y algodonada.
En el otro extremo del campo estaba situado don Quijote; quien, una vez encomendado a su señora Dulcinea y a la madre que la parió (o, al dios que la creó) se lanzó a la carrera en busca del Tosilos; pero éste se había quedado inmóvil, prendado de la hermosura de la niña de La Rodri. Flechazo en el acto (bueno, antes del “acto”). Ahora él lucharía para casarse con ella, no para rechazarla; por lo que dice: “alto parao”, deténgase el duelo. Llama a voces al maese de campo y le comunica que se da por vencido. Cupido había hecho estragos en su corazón al ver la moza, ahora necesitaba masajes cardíacos de ella.
Al duque no le gustó el repentino cambio de opinión del lacayo, pues él lo que buscaba era diversión, no ver cómo nace un romance. Tampoco fue del agrado de don Quijote aquella decisión pro-apareamiento: con la de horas que había dedicado al gimnasio…, como para que ahora sólo pueda ser útil como testigo de boda.
La Rodri y su niña, al principio, se sintieron estafadas, al no reconocer en aquel lacayo al "flamenquín", pero luego pensaron: “más vale pájaro en mano que ciento volando” y, “pájaro que vuela a la cazuela”; aquel Tosilos quizás no hiciese mal caldo. Lo chungo en aquel tiempo era “quedarse compuesta y sin novio” o “quedarse para vestir santos”.
Cervantes nos retrata la triste realidad de las chicas “desfloreadas” por algún chico, a las que luego no se acercaba ningún (o, ¿ninguno?) otro, por culpa de la maledicencia de la sociedad. No hace tantos años que aún se pensaba así en España. Algunos, incluso, las reservaban desde preadolescentes con tal de asegurarse el “desfloramiento original”.
Revulsiva nota:
Este comentario pertenece a la Red de Comentarios Quijotescos que desde su blog La Acequia dirige el ahora más descansado profesor Pedro Ojeda Escudero.
Se le agradece al autor de esta Verdadera Historia el que nos haya ofrecido esta semana un capítulo cortito: "la caló" dificulta la concentración, aunque esta tarde de sábado (sabadete, camisa y etc para el que pueda), ahora son las 8 de la tarde, se ha levantado una brisilla más fresca que estos días atrás.
Tomaré de nuevo unos caracolillos con varias Buckler fresquitas a vuestra salud.
Felices vacaciones, en playa o donde les apetezca, a los docentes y alumnos (los autónomos vamos a seguir como estábamos: la humedad, la del sudor y la de la ducha, que ahora funciona más)
Saludos
