"buscando algún método que no implique genitalidad porque Jaime y yo hace años que renunciamos a tener relaciones sexuales”. (Mírame pero no me toques)
Este último libro de la Trilogía no iba a librarse de la invasión sexual que se recoge en los dos primeros. Encontré algunas alusiones menos que en los otros, pero con ello, anoté citas de 17 páginas –aunque hay más- (22,33,35,78,66,79,82,105,109,112,123,125,149,189,191,228 y 233); y, si éstas me han parecido pocas…los dos libros anteriores pueden definirse como “entes decididamente sexuales”.
Destacaría la sexualidad del vetusto Benjamín (más imaginaria que real), que cuando el cuerpo le pide marcha, se va en busca de su sorda amiga Clarita, la cual le “comienza a hurgar en la bragueta. Juega con su pene que se queda a media erección, ganchudo, como sorprendido de verse al aire libre” (pág 82)
Luego está la sexualidad del asexuado Jaime, hijo de Benjamín –como ya sabemos- y conyugue “inactivo” de Sara –la rara…, u ostra según su suegro-. Aunque raritos sí que son los dos. Porque pretenden tener un hijo –según dice ella- “buscando algún método que no implique genitalidad porque Jaime y yo hace años que renunciamos a tener relaciones sexuales”. A continuación Jaime pone la guinda diciendo “Para Sara y para mí el sexo no es importante, todo lo contrario: nos violenta, nos repugna. Lo sabíamos antes de casarnos…” (Pág 191)
Yo pensaba que, a partir de esta página, el autor iba a convertir a Jaime en su alter ego. Pero mi imaginación quiso ir más allá que lo que el autor tenía pensado darnos. Imaginaba cómo Esquivias iba a crear todo un mundo argumental para trasmitirnos el caso de un hombre homosexual que convive con una mujer. Ella, perfectamente, podía ser lesbiana. Podía haber dado mucho juego la historia de un matrimonio entre un gay y una lesbiana…; sí, mi imaginación fue mucho más allá, pero Esquivias no quiso darme el gusto.
Finalmente encontré una frase en la que el autor, muy solapadamente, declara su homosexualidad. Sara compra como regalo de Navidad un par de libros a su suegro, Benjamín. Se los prepara “Su amiga Mila (…) tiene un novio al que visita todos sus días libres, y este chico, a su vez, conoce a un primo o amigo o vecino o novio del autor, y había conseguido su firma” (pág 69: ¿no es mucha casualidad que desvele su inclinación en esta página?)
Esquivias ha conseguido una muy sutil forma de decir que tiene novio.
Nota Revulsiva:
Este comentario pertenece al Cub de Lectura de La Acequia, dirigido por el Profesor Pedro Ojeda Escudero; a quien dios quiera aconsejar no nos recete leer otros tres libros en un trimestre.
Seguiremos con Bécquer, pero al mismo tiempo debo movilizar de sus estantes algunos ejemplares de Borges (Para un Foro en Priego, en Mayo. Borges me pone cardiaco)
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sábado, 2 de abril de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
Sexo en La ciudad del Gran Rey (3)
Sabía del amor entre distintos seres vivos, incluso pertenecientes a distintos reinos. Pero no ha sido hasta hoy que he descubierto el amor vegetal, como se muestra en la imagen.
Bastante entretenido -y divertido- este libro que sí devoro con facilidad. Ya han caído bajo mis fauces las cien primeras páginas de "Viene la noche".
Continúa Esquivias con su refinado estilo (diáfano casi siempre, en este libro más), fina ironía y buen sentido del humor: eso también lo dicen de Borges, llegando a la conclusión de que es un tipo muy inteligente. Piropo que hago extensible a Esquivias.
La sucesión de frases geniales es ininterrumpida. ¡Qué de cuantos adjetivos apropiados encadena en cada exposición! ¡Qué bien escribe este tío! Ya lo dijo don Quijote "el que viaja mucho y lee mucho...." Y este chico se ve que cumple con el dicho de nuestro Sr. don Quijote.
Me pongo a escribir en mi revulsivo, a ver cómo sigue el SEXO
19 de Marzo de 2011 18:19
Práctica del onanismo (o, “¿nos hacemos unas pajillas?”, que dijera Torrente); en varias ocasiones se hace alusión a esta práctica, recogeré un par de citas. La primera impregnada de pena (la de Rodrigo), y la segunda de una alegría a la desesperada (la del padre Talí)
Pág 181 En el Burgos onírico-irracional en que se encuentran los personajes hace más frío que pelando rábanos –que dijera mi abuela-. Por ello, Rodrigo, “no se podía imaginar en otro lugar que no fuera bajo la montaña de mantas y sacos que había acumulado en el rincón donde estaba echado. Su única distracción era masturbarse. Lo había hecho tantas veces que le escocía el glande; aparte, cada nueva eyaculación sólo había servido para aumentar su aburrimiento. Pese a ser consciente de esto, en cuanto recuperaba fuerzas cerraba su puño y volvía a sacudirse el miembro, como si fuera esta la única manera de descargar su rabia".
Pág 381 El padre Talí se lamenta de que no encuentran a la persona adecuada, un enamorado, para girar la llave que abre la puerta por la que saldrían del purgatorio: “También yo amo el vino, la zarzuela y las malas mujeres, y sobre todo me amo a mí mismo, a mi pellejo, a mi vida miserable que va a acabar hoy (…). Si no hay enamorado no merece la pena que entremos ahí. Mejor es que dediquemos nuestras últimas horas a gozar de lo que más nos guste y nos conformemos con nuestra suerte. ¡Estamos muertos, señores! Ea, a divertirse. Yo voy a hacerme una paja" (jajaja. Nota: la risa es mía. En aquellas circunstancias, ¡no había otra!)
Homosexualidad. Pág 194 En ella encontramos el culmen del amor carnal entre dos varones; narrado con gran sutileza, agilidad y elegancia por lo que Esquivias sale bastante airoso del trance: “Rodrigo y Nadir apenas hablaron más, se desnudaron de forma somera, como si sólo necesitaran el concurso de los genitales y el vientre, y rodaron por el lecho de paja, con urgencia de acabar cuanto antes (…). Rodrigo en seguida supo que su compañero no le iba a permitir besarlo en la boca, pues no despegó los labios cuando quiso introducir en ellos su lengua, pero salvo tal inconveniente, todo se desarrolló con exaltada rapidez. Pronto de derramaron uno sobre el otro y permanecieron unos segundos abrazados, hasta recuperar el aliento”
Relatos intercalados: el libro está henchido de ellos. Soy de la opinión de que la calidad media de estos textos supera a la de la novela, cosa harto difícil, pero a mí me lo parece, ya que en “las distancias cortas” siempre se retiene más intensidad. Muestro uno de gran exaltación sensual y erótica (muy bueno, con mucha pasión): Pág 185 “Aquella muchacha, hija de la molinera del pueblo, descubrió las mieles del amor en el cuerpo de uno de los pastores del lugar, un joven moreno y oloroso que la poseyó bajo una encina una tarde de verano mientras los perros corrían a su alrededor, frenéticos y felices, como si celebraran el apareamiento de dos dioses. La chica nunca imaginó que su carne pudiera sentir tanta excitación. En el momento de mayor plenitud notó el pálpito de la tierra y así supo que la semilla del zagal había prendido en su entraña”
Revulsiva nota:
Quiero daros las gracias por vuestras visitas y palabras. Ya me encuentro más "desapocado", con más ganas de hacer cosas y dormir menos (con este libro me dormía a la segunda pág, aunque toda la culpa no es del libro jajaja, que no se entere Esquivias). De "Viene la noche" puedo leer 30 pág, escondido en el baño, de una sentada -y nunca mejor dicho-.
Hace varias semanas que tengo bajo mínimos la actividad boguera. Claro que "mi semana" bloguera se limita a tres horas del sábado tarde y alguna escapadilla en Domingo (Malo, pronto empezarán los caracoles; ahora que me acuerdo. AY querida Mildred!).
Bueno, que to este rollo es sólo para agradeceros vuestros buenos deseos y deciros que me duele no poder comentaros todas la semanas. Vale
Este comentario pertenece a la Red de Comentarios sobre la Trilogía Dantesca de Óscar Esquivias, que desde su blog La Acequia dirige el profesor Pedro Ojeda Escudero.
Antonio Aguilera dijo... en La Acequia, “ ase una mijilla”Bastante entretenido -y divertido- este libro que sí devoro con facilidad. Ya han caído bajo mis fauces las cien primeras páginas de "Viene la noche".
Continúa Esquivias con su refinado estilo (diáfano casi siempre, en este libro más), fina ironía y buen sentido del humor: eso también lo dicen de Borges, llegando a la conclusión de que es un tipo muy inteligente. Piropo que hago extensible a Esquivias.
La sucesión de frases geniales es ininterrumpida. ¡Qué de cuantos adjetivos apropiados encadena en cada exposición! ¡Qué bien escribe este tío! Ya lo dijo don Quijote "el que viaja mucho y lee mucho...." Y este chico se ve que cumple con el dicho de nuestro Sr. don Quijote.
Me pongo a escribir en mi revulsivo, a ver cómo sigue el SEXO
19 de Marzo de 2011 18:19
Práctica del onanismo (o, “¿nos hacemos unas pajillas?”, que dijera Torrente); en varias ocasiones se hace alusión a esta práctica, recogeré un par de citas. La primera impregnada de pena (la de Rodrigo), y la segunda de una alegría a la desesperada (la del padre Talí)
Pág 181 En el Burgos onírico-irracional en que se encuentran los personajes hace más frío que pelando rábanos –que dijera mi abuela-. Por ello, Rodrigo, “no se podía imaginar en otro lugar que no fuera bajo la montaña de mantas y sacos que había acumulado en el rincón donde estaba echado. Su única distracción era masturbarse. Lo había hecho tantas veces que le escocía el glande; aparte, cada nueva eyaculación sólo había servido para aumentar su aburrimiento. Pese a ser consciente de esto, en cuanto recuperaba fuerzas cerraba su puño y volvía a sacudirse el miembro, como si fuera esta la única manera de descargar su rabia".
Pág 381 El padre Talí se lamenta de que no encuentran a la persona adecuada, un enamorado, para girar la llave que abre la puerta por la que saldrían del purgatorio: “También yo amo el vino, la zarzuela y las malas mujeres, y sobre todo me amo a mí mismo, a mi pellejo, a mi vida miserable que va a acabar hoy (…). Si no hay enamorado no merece la pena que entremos ahí. Mejor es que dediquemos nuestras últimas horas a gozar de lo que más nos guste y nos conformemos con nuestra suerte. ¡Estamos muertos, señores! Ea, a divertirse. Yo voy a hacerme una paja" (jajaja. Nota: la risa es mía. En aquellas circunstancias, ¡no había otra!)
Homosexualidad. Pág 194 En ella encontramos el culmen del amor carnal entre dos varones; narrado con gran sutileza, agilidad y elegancia por lo que Esquivias sale bastante airoso del trance: “Rodrigo y Nadir apenas hablaron más, se desnudaron de forma somera, como si sólo necesitaran el concurso de los genitales y el vientre, y rodaron por el lecho de paja, con urgencia de acabar cuanto antes (…). Rodrigo en seguida supo que su compañero no le iba a permitir besarlo en la boca, pues no despegó los labios cuando quiso introducir en ellos su lengua, pero salvo tal inconveniente, todo se desarrolló con exaltada rapidez. Pronto de derramaron uno sobre el otro y permanecieron unos segundos abrazados, hasta recuperar el aliento”
Relatos intercalados: el libro está henchido de ellos. Soy de la opinión de que la calidad media de estos textos supera a la de la novela, cosa harto difícil, pero a mí me lo parece, ya que en “las distancias cortas” siempre se retiene más intensidad. Muestro uno de gran exaltación sensual y erótica (muy bueno, con mucha pasión): Pág 185 “Aquella muchacha, hija de la molinera del pueblo, descubrió las mieles del amor en el cuerpo de uno de los pastores del lugar, un joven moreno y oloroso que la poseyó bajo una encina una tarde de verano mientras los perros corrían a su alrededor, frenéticos y felices, como si celebraran el apareamiento de dos dioses. La chica nunca imaginó que su carne pudiera sentir tanta excitación. En el momento de mayor plenitud notó el pálpito de la tierra y así supo que la semilla del zagal había prendido en su entraña”
Revulsiva nota:
Quiero daros las gracias por vuestras visitas y palabras. Ya me encuentro más "desapocado", con más ganas de hacer cosas y dormir menos (con este libro me dormía a la segunda pág, aunque toda la culpa no es del libro jajaja, que no se entere Esquivias). De "Viene la noche" puedo leer 30 pág, escondido en el baño, de una sentada -y nunca mejor dicho-.
Hace varias semanas que tengo bajo mínimos la actividad boguera. Claro que "mi semana" bloguera se limita a tres horas del sábado tarde y alguna escapadilla en Domingo (Malo, pronto empezarán los caracoles; ahora que me acuerdo. AY querida Mildred!).
Bueno, que to este rollo es sólo para agradeceros vuestros buenos deseos y deciros que me duele no poder comentaros todas la semanas. Vale
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sábado, 12 de marzo de 2011
Sexo en La ciudad del Gran Rey (2)
"Allí había una frase que decía: Ai que dar mulé al Faisán. Junto a ella el dibujo de un ave (más parecida a un pato que a otra cosa) con las insignias de comandante y varios tiros en la barriga."
Hace un rato que he concluido la lectura del La ciudad del Gran Rey.
Destaco el depurado estilo de Esquivias, que aplica tanto a la novela realista como a la de ficción: aunque mi particular "apocamiento" no me ha hecho –me temo- cercana la fabulación de este segundo libro.
Según va uno cumpliendo años, va perdiendo la inocencia, pero- desgraciadamente- también la capacidad de absorción e interpretación. Por ello, a lo largo de su lectura, he tenido la sensación de haber perdido el tiempo: con una obra muy bien escrita, pero con un argumento que no conseguía atrapar. Me resistía a pensar que sólo fuera ficción por ficción (aunque esta opción es muy loable), con los cientos de ejemplares que me esperan en el cuarto de los libros (y ácaros y telarañas…) ,con desesperanza, por leer.
Espero "aprender" –y reírme- más con "Viene la noche" y encontrar claves para acabar desentrañando la ciudad del Gran Rey.
Vayamos en busca de SEXO (qué bien suena).
Pág 143 y 144 Donde sucede una escena bastante graciosa (me ha gustado y me he reído) y que –fuera tabús- es real como la vida misma.
Se refiere al acto sexual en solitario, en el cual se dan –obviamente- algunas carencias, pero que también tiene la ventaja de que nadie te va a reprochar el poco entusiasmo empleado. O algún otro defecto de forma (o de fondo).
El doctor Albiñana está usando el váter del blocao. El comandante Paisán se desespera aguardando que salga el doctor: “¡Doctor Albiñana! ¡Lleva tres cuartos de hora encerrado en el váter!
Al salir el doctor Albiñana del retrete vaporiza esta estancia con perfume. El comandante le reprende, pues le tenía prohibido usar el ambientador en el toilette. El Doctor se defiende, acusándolo de exceso de celo para con él; cuando en aquel habitáculo se producen comportamientos, más reprobables que una simple mezcla de perfumes, por otros sujetos de la guarnición.
El comandante le replica que no sabe de qué le habla, a lo que Albiñana contesta: “Sí que lo sabe. Piense, piense, comandante, en lo que hacen sus soldaditos cuando están solos ahí dentro. Algo muy, muy feo. El comandante suponía a qué se refería el doctor, ya que el retrete era el único lugar de la casa donde un hombre podía encontrarse a solas y tenía la seguridad de que muchos lo aprovechaban para masturbarse (…) Por ello salió en defensa de sus hombres: ¡Doctor! ¡Me sorprende usted! Debe ser tolerante con las efusiones de unos muchachos jóvenes que están aquí encerrados sin tocar hembra.”
Pero el Doctor no se refería a la práctica del onanismo, sino a las inscripciones hechas a punta de navaja en el envés de la puerta, “donde los soldados habían ido poniendo los nombres de sus pueblos y novias (…) siluetas de mujeres, sexos erectos. La frase que más destacaba era la que decía: CONCHITA PLAZA, TI VIA COMER. Bajo la palabra comer habían añadido en hilera partes de la anatomía de la muchacha que los soldados consideraban apetitosas: uno había puesto los labios, otro las tetas, uno el culo, el chocho, y así hasta completar todo lo nombrable en su cuerpo.
–Es normal que se acuerden de ella. Es la chica más guapa de Burgos (...)
- Comandante, ¿está ciego? Me refiero a esto Señaló el ángulo inferior.
Allí había una frase que decía: Ai que dar mulé al Faisán. Junto a ella el dibujo de un ave (más parecida a un pato que a otra cosa) con las insignias de comandante y varios tiros en la barriga."
Evidentemente los chicos “amaban en solitario” a Conchita Plaza cuando se encerraban en el retrete, pero también más de uno no quería bien al comandante Paisán.
Nota Revulsiva: (qué poquito me ha dado tiempo a escribir)
La lectura de esta escena me ha hecho reír bastante. Cosa excepcional en esta novela, que me ha resultado tediosa.
Admiro el magistral manejo del lenguaje que tiene Esquivias; muchísimas de sus frases son excelentes, originalísimas, asombrosas y únicas. Esquivias es un esteta literario, su estilo es depuradísimo, sabe emplear la palabra adecuada en el momento oportuno. He aprendido bastante léxico. Pero…, no sé por qué (o quizás sí), a mí no me apetecía una novela de ficción de estas características, no estaba preparado … ¡Mira que me repito!!
Hace un rato que he concluido la lectura del La ciudad del Gran Rey.
Destaco el depurado estilo de Esquivias, que aplica tanto a la novela realista como a la de ficción: aunque mi particular "apocamiento" no me ha hecho –me temo- cercana la fabulación de este segundo libro.
Según va uno cumpliendo años, va perdiendo la inocencia, pero- desgraciadamente- también la capacidad de absorción e interpretación. Por ello, a lo largo de su lectura, he tenido la sensación de haber perdido el tiempo: con una obra muy bien escrita, pero con un argumento que no conseguía atrapar. Me resistía a pensar que sólo fuera ficción por ficción (aunque esta opción es muy loable), con los cientos de ejemplares que me esperan en el cuarto de los libros (y ácaros y telarañas…) ,con desesperanza, por leer.
Espero "aprender" –y reírme- más con "Viene la noche" y encontrar claves para acabar desentrañando la ciudad del Gran Rey.
Vayamos en busca de SEXO (qué bien suena).
Pág 143 y 144 Donde sucede una escena bastante graciosa (me ha gustado y me he reído) y que –fuera tabús- es real como la vida misma.
Se refiere al acto sexual en solitario, en el cual se dan –obviamente- algunas carencias, pero que también tiene la ventaja de que nadie te va a reprochar el poco entusiasmo empleado. O algún otro defecto de forma (o de fondo).
El doctor Albiñana está usando el váter del blocao. El comandante Paisán se desespera aguardando que salga el doctor: “¡Doctor Albiñana! ¡Lleva tres cuartos de hora encerrado en el váter!
Al salir el doctor Albiñana del retrete vaporiza esta estancia con perfume. El comandante le reprende, pues le tenía prohibido usar el ambientador en el toilette. El Doctor se defiende, acusándolo de exceso de celo para con él; cuando en aquel habitáculo se producen comportamientos, más reprobables que una simple mezcla de perfumes, por otros sujetos de la guarnición.
El comandante le replica que no sabe de qué le habla, a lo que Albiñana contesta: “Sí que lo sabe. Piense, piense, comandante, en lo que hacen sus soldaditos cuando están solos ahí dentro. Algo muy, muy feo. El comandante suponía a qué se refería el doctor, ya que el retrete era el único lugar de la casa donde un hombre podía encontrarse a solas y tenía la seguridad de que muchos lo aprovechaban para masturbarse (…) Por ello salió en defensa de sus hombres: ¡Doctor! ¡Me sorprende usted! Debe ser tolerante con las efusiones de unos muchachos jóvenes que están aquí encerrados sin tocar hembra.”
Pero el Doctor no se refería a la práctica del onanismo, sino a las inscripciones hechas a punta de navaja en el envés de la puerta, “donde los soldados habían ido poniendo los nombres de sus pueblos y novias (…) siluetas de mujeres, sexos erectos. La frase que más destacaba era la que decía: CONCHITA PLAZA, TI VIA COMER. Bajo la palabra comer habían añadido en hilera partes de la anatomía de la muchacha que los soldados consideraban apetitosas: uno había puesto los labios, otro las tetas, uno el culo, el chocho, y así hasta completar todo lo nombrable en su cuerpo.
–Es normal que se acuerden de ella. Es la chica más guapa de Burgos (...)
- Comandante, ¿está ciego? Me refiero a esto Señaló el ángulo inferior.
Allí había una frase que decía: Ai que dar mulé al Faisán. Junto a ella el dibujo de un ave (más parecida a un pato que a otra cosa) con las insignias de comandante y varios tiros en la barriga."
Evidentemente los chicos “amaban en solitario” a Conchita Plaza cuando se encerraban en el retrete, pero también más de uno no quería bien al comandante Paisán.
Nota Revulsiva: (qué poquito me ha dado tiempo a escribir)
La lectura de esta escena me ha hecho reír bastante. Cosa excepcional en esta novela, que me ha resultado tediosa.
Admiro el magistral manejo del lenguaje que tiene Esquivias; muchísimas de sus frases son excelentes, originalísimas, asombrosas y únicas. Esquivias es un esteta literario, su estilo es depuradísimo, sabe emplear la palabra adecuada en el momento oportuno. He aprendido bastante léxico. Pero…, no sé por qué (o quizás sí), a mí no me apetecía una novela de ficción de estas características, no estaba preparado … ¡Mira que me repito!!
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domingo, 6 de marzo de 2011
Sexo en La ciudad del Gran Rey (casi 1)
Me ha costado bastante cogerle el "tranquillo" a la novela. Y es que no estaba para tortugas que disparaban sus caparazones. Me han pesado las 200 páginas primeras bastante. He de releerlas cuando los efectos de Apocard hayan pasado. Ahora me quedan 70 y esto ya es otra cosa.
Poco a poco me voy "desapocando", aunque al final mi señora Mildred no me dejó ir a tomar la terapia con las "titis" imagen de la entrada anterior. Estoy convencido que por ese motivo estoy tardando más en recuperarme. Cuando llegue el tiempo de los caracoles me vengaré (ya falta poco).
He ido (lentamente) tomando nota de algunas citas del libro, unas de contenido sexual (como hice con "Inquietud en el paraíso") y otras no. Como no sé cuando podré volver a publicar (supongo que el sábado que viene), lo poquito que he escrito ahora, lo publico. Sé que es muy poquito, pero algo es algo.
Una frase no sexual que me ha llegado (“no sé hastaonde”)
Pág. 186 Rodrigo necesita del bálsamo que proporciona la lectura para sobrellevar la dura y desconcertante estancia en el purgatorio, por lo que decide salir en busca de una librería: “prefería dormir en la calle antes que estar un día más sin leer” (desesperanza común en los Letraheridos)
¡Ahora, vayamos en busca de SEXO!
Pág. 127 En un fragmento intercalado encontramos la siguiente cita de amor homosexual, avisando del peligro de las relaciones desordenadas y carentes de amor, tan frecuentes (antes nos era muy difícil, no era que no nos gustaran las otras) hoy en día –aquí te pillo aquí te mato-: “No se debe hacer el amor al aire libre si no se ama a la otra persona, porque donde dos hombres se aman así, nace un manantial de aguas empozoñadas y se extienden enfermedades terribles. Dios no castiga la promiscuidad sino el engaño…”
Pág. 132 Doña Beatriz “la Millonetis” va a cantar en el Gran Teatro acompañada al piano de Rodrigo. Él está muy nervioso esperando el momento de empezar. Ella para tranquilizarlo le dice (el resultado es el contrario por ella pretendido; distinto si se lo hubiese dicho Brad Pitt):”Si todo sale bien, muchacho, mi agradecimiento será eterno y te recompensaré con arreglo a los más exigentes capítulos del Kamasutra. –No se moleste, Doña Beatriz.”
Pag.136 Agustín Garrús y Julián Bayona están enzarzados en una polémica plática filológica. Don Agustín, para explicar la etimología de algunas palabras a su compañero piensa, incluso, en telefonear a Don Américo Castro. Veamos la original génesis de una de ellas, que nos incumbe muy mucho a los varones: “…recurriendo a su raíz etimológica, que también nos sirve para derribar tópicos, como aquel tan extendido que afecta al vello sexo, pues en contra de lo que se cree, las mujeres mienten mucho menos que los hombres. De hecho “falaz” viene de “falo”. ¿Qué me dice a esto?”
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domingo, 20 de febrero de 2011
Bajo mínimos: "Toy apocao"
Por prescripción facultativa, y como no tuve suficiente con el viaje a Burgos cuando la comida quijotesca, debo de tomar un par de semanas bajo la terapia de las individuas de la imagen en una playa de blancas y finas arenas. He de obedecerle: la salud es lo primero, no la afición ni el vicio.
Después de un tiempo que no publico, un poco por los motivos que esgrimió Cervantes en la prefación a su Primera Parte de don Quijote, “Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría…” y otras porque, como también él dijo, soy poltrón y perezoso.
La verdad es que tengo poco tiempo y menos ganas de escribir, contagiado también al leer. Creo que mi situación se definiría bien con la expresión: "Toy apocao".
Supongo que será por el Apocard 100 con el que me estoy tratando la fibrilación auricular que me diagnosticaron en Noviembre (por lo visto de esto no se muere nadie, pero el cansancio –vagancia- se nota).
Le daba yo muchas vueltas a la cabeza al porqué no me atrapaba el 2º libro de Esquivias, si era por culpa del escritor que tanto nos quiso marear con las nieblas mentales que nos formaba al leerle, haciéndonos desfilar por un purgatorio que es un Burgos esperpéntico, o una parodia del Burgos Post-alzamiento ya instalado el mando golpista; o si todo se debería a la ingesta de las apocadoras pastillas: libro en las manos, tío durmiendo a los cinco minutos.¿ Aburrimiento, o flojerón por el fármaco? Excuso a Esquivias y a mi deficiente asimilación neuronal: como dice el anuncio de un establecimiento ¡YO NO SOY TONTO! (o al menos no mucho, porque algo de ello tenemos todos)
Así me consuelo, echándole la culpa a quienes no pueden replicar: las pirulas.
Me quedan 100 páginas para acabar La ciudad del gran Rey. No me gustaría quedarme descolgado, pero no me cunde ná la lectura. Apuntes sí que tengo tomados bastantes, tanto sobre la sexualidad (que traté en Inquietud en el paraíso) como por los textos interpolados que es de lo que más me gusta. El fin de semana que viene publicaré algo, si nada lo impide.
Ya os iré visitando poco a poco, tenerme un poco de la “pasensia”.
Saludos, abrazos, besos y achuchones varios
Después de un tiempo que no publico, un poco por los motivos que esgrimió Cervantes en la prefación a su Primera Parte de don Quijote, “Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría…” y otras porque, como también él dijo, soy poltrón y perezoso.
La verdad es que tengo poco tiempo y menos ganas de escribir, contagiado también al leer. Creo que mi situación se definiría bien con la expresión: "Toy apocao".
Supongo que será por el Apocard 100 con el que me estoy tratando la fibrilación auricular que me diagnosticaron en Noviembre (por lo visto de esto no se muere nadie, pero el cansancio –vagancia- se nota).
Le daba yo muchas vueltas a la cabeza al porqué no me atrapaba el 2º libro de Esquivias, si era por culpa del escritor que tanto nos quiso marear con las nieblas mentales que nos formaba al leerle, haciéndonos desfilar por un purgatorio que es un Burgos esperpéntico, o una parodia del Burgos Post-alzamiento ya instalado el mando golpista; o si todo se debería a la ingesta de las apocadoras pastillas: libro en las manos, tío durmiendo a los cinco minutos.¿ Aburrimiento, o flojerón por el fármaco? Excuso a Esquivias y a mi deficiente asimilación neuronal: como dice el anuncio de un establecimiento ¡YO NO SOY TONTO! (o al menos no mucho, porque algo de ello tenemos todos)
Así me consuelo, echándole la culpa a quienes no pueden replicar: las pirulas.
Me quedan 100 páginas para acabar La ciudad del gran Rey. No me gustaría quedarme descolgado, pero no me cunde ná la lectura. Apuntes sí que tengo tomados bastantes, tanto sobre la sexualidad (que traté en Inquietud en el paraíso) como por los textos interpolados que es de lo que más me gusta. El fin de semana que viene publicaré algo, si nada lo impide.
Ya os iré visitando poco a poco, tenerme un poco de la “pasensia”.
Saludos, abrazos, besos y achuchones varios
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sábado, 22 de enero de 2011
Sexualidad en”Inquietud en el Paraíso" (Y III)
La confirmación, desde dentro de la novela, del Rodrigo homosexual nos la da Conchitón: "Te gustan los chicos guapos…Ya, Ya, no me lo niegues: yo lo sé esas cosas se notan”. (Sirva asímismo la imagen para deleite de la platea femenina)
Me hubiera gustado, aunque fuera brevemente, haber abordado otras caras de este gran poliedro que es “Inquietud en el Paraíso”. Porque tan plagada (de plaga benigna y reconfortante) está la novela de sexo como de comicidad (con algunas pasajes te partes la mandíbula de risa); y no menos lo está también de esperpento y locura. Pero uno no puede estar al mismo tiempo en misa y replicando, o en el caldo y en las tajadas. El factor tiempo nos emascula la mayor parte de las iniciativas que ya nos gustaría abordar.
Pero sobre todo la novela es Historia, narrada de tal manera que si así se les explicara a los jóvenes estudiantes la asimilarían mucho mejor que con el libro puro y duro de dicha disciplina. Aunque, ojo, hay que gastar mucho cuidado con la “Novela Histórica”, pues no todas poseen el rigor de documentación que debe anteceder a su escritura. Pero esta parcela más científica tiene sus propios profesionales investigadores (llámense Fernández Álvarez o Manuel Tuccitano)
El resultado para mí, es una sabrosa cocción del mejor esperpento de Valle-Inclán, en guarnición con el último surrealismo de García Lorca (El Público), y todo ello adobado con la sana y omnipresente locura de don Quijote (El viaje de ascenso al Purgatorio cual descenso a la Cueva de Montesinos, u otras locuras)
Como yo me decanté por rastrear la pista erótica de la obra, tanto la empírea de Rodrigo, como la vulgar y a veces soez de los militares (para quienes, por cierto, obligaron por decreto a Conchitón, a reservar el lupanar de su propiedad) continuaré hoy con dicha faena:
Pág. 193 Donde dice Julián a su sobrino Román, cuando se entera que el sobrino no sabe leer ni escribir: “También hay macacos adiestrados que son capaces de escribir letras y aun de componer sonetos con rima perfecta, y caballos percherones que hacen cuentas y relinchan…”Quizás alguien no encuentre “senso-sexualidad” en el párrafo anterior. Lo más que puedo hacer es remitirle al siguiente enlace Aquí, donde Lorca utiliza el caballo como símbolo erótico, y es una de las obras donde con más intensidad vuelca el granadino su homosexualidad.
Pág. 196 El capitán Paisán se adentra en las caballerizas “se dirigió a su caballo favorito, Tormento, y le acarició el lomo y el costado para tranquilizarlo (…). Pensaba que era más sensual la cercanía de aquel caballo que la de muchas mujeres” Aquí encontramos de nuevo al caballo como símbolo erótico.
Pág. 234 “Sanjurjo era una bestia inculta, sin ningún criterio intelectual ni político. Eso sí, había demostrado ser valiente y honrado, y sus soldados le veneraban porque era como ellos: putero, tabernario, simpático, simple, patriotero, con un resentimiento feroz hacia cualquier oficial mínimamente pulcro e ilustrado”. Un gran fanfarrón sin duda.
Pág 235 “Tengo comprobado (…) que la forma, tamaño y grosor de los genitales masculinos está en proporción directa con la nariz que cada uno calza, de tal modo que conociendo la napia de alguien puede usted saber qué tamaño gasta de pene” (Lo siento por las mujeres de los chatos…). Esquivias no pierde ocasión de sacar a relucir el sexo, es una constante en la novela. Aunque me ha llamado atención el no haber encontrado nada erótico ni sexual en las últimas 50 páginas; seguramente porque hay más violencia, los efectos de la guerra se palpan con más crueldad (asesinatos de Román y Antonio José) y no sería del gusto del lector “frivolizar” rodeado de dolor.
Pág. 264 Rodrigo escucha ruido en las duchas del seminario, abre la puerta y se encuentra a un grupo de chicos “que mostraban su desnudez con la naturalidad de los dioses mitológicos del Salón de Recreo”. Uno de aquellos chicos le pregunta quién es a Rodrigo, él piensa la misma respuesta que en la segunda página del libro “Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira…. Pero como de costumbre, no se atrevió a decirlo. El sólo pensar la palabra Amor ante un chico desnudo le llenaba de vergüenza “.
Pág. 326 Conchitón refiere a Rodrigo que su burdel ha quedado sólo al servicio de oficiales del ejército, algunos son jóvenes alféreces, de los cuales la madama dice a Rodrigo:”Tenías que ver qué chicos más guapos y más bien educaditos vienen, te gustarían”. En la página siguiente continúa afirmándole Conchitón a Rodrigo: “Te gustan los chicos guapos…Ya, Ya, no me lo niegues: yo lo sé esas cosas se notan”. Y no le vamos a llevar la contraria a Conchitón. ¿Quién va a saber mejor que ella quien es marica o no lo es? Ella ha tenido algunos en su prostíbulo, clientes ha tenido para todos los gustos. Según mi opinión la afirmación de Conchitón es el bautizo o confirmación (cualquiera de los dos sacramentos puede ser válido) desde dentro de la novela de la homosexualidad de Rodrigo. He de reconocer que el concienzudo comentario del Sr de la Vega en mi entrada anterior, me hizo pensar un tanto, pero no dudar, sobre la condición sexual de Rodrigo: Rodrigo es gay como el ser que lo creó (esta “característica” del creador la leí de Abejita en el blog de Merche Pallarés).
Hay otras connotaciones sexuales y sensuales en el libro, pero enumerarlas sería muy largo; pongo algunas referencias muy de pasada: Las grotescas y groseras alusiones al respecto de algunos militares. El rastro de estrógeno que va dejando Conchita Plaza alrededor de los hombres que se cruzan en su camino. El forzoso e histérico celibato que oprime a Pilar Dorronsoro. “El extraviado sexual Gregorio Marañón” elevado al cargo de “tocólogo de la República”
Nota Revulsiva:
Comentario que pertenece al Foro de Lectura de La Acequia, coordinado por el profesor Pedro Ojeda Escudero
Me hubiera gustado, aunque fuera brevemente, haber abordado otras caras de este gran poliedro que es “Inquietud en el Paraíso”. Porque tan plagada (de plaga benigna y reconfortante) está la novela de sexo como de comicidad (con algunas pasajes te partes la mandíbula de risa); y no menos lo está también de esperpento y locura. Pero uno no puede estar al mismo tiempo en misa y replicando, o en el caldo y en las tajadas. El factor tiempo nos emascula la mayor parte de las iniciativas que ya nos gustaría abordar.
Pero sobre todo la novela es Historia, narrada de tal manera que si así se les explicara a los jóvenes estudiantes la asimilarían mucho mejor que con el libro puro y duro de dicha disciplina. Aunque, ojo, hay que gastar mucho cuidado con la “Novela Histórica”, pues no todas poseen el rigor de documentación que debe anteceder a su escritura. Pero esta parcela más científica tiene sus propios profesionales investigadores (llámense Fernández Álvarez o Manuel Tuccitano)
El resultado para mí, es una sabrosa cocción del mejor esperpento de Valle-Inclán, en guarnición con el último surrealismo de García Lorca (El Público), y todo ello adobado con la sana y omnipresente locura de don Quijote (El viaje de ascenso al Purgatorio cual descenso a la Cueva de Montesinos, u otras locuras)
Como yo me decanté por rastrear la pista erótica de la obra, tanto la empírea de Rodrigo, como la vulgar y a veces soez de los militares (para quienes, por cierto, obligaron por decreto a Conchitón, a reservar el lupanar de su propiedad) continuaré hoy con dicha faena:
Pág. 193 Donde dice Julián a su sobrino Román, cuando se entera que el sobrino no sabe leer ni escribir: “También hay macacos adiestrados que son capaces de escribir letras y aun de componer sonetos con rima perfecta, y caballos percherones que hacen cuentas y relinchan…”Quizás alguien no encuentre “senso-sexualidad” en el párrafo anterior. Lo más que puedo hacer es remitirle al siguiente enlace Aquí, donde Lorca utiliza el caballo como símbolo erótico, y es una de las obras donde con más intensidad vuelca el granadino su homosexualidad.
Pág. 196 El capitán Paisán se adentra en las caballerizas “se dirigió a su caballo favorito, Tormento, y le acarició el lomo y el costado para tranquilizarlo (…). Pensaba que era más sensual la cercanía de aquel caballo que la de muchas mujeres” Aquí encontramos de nuevo al caballo como símbolo erótico.
Pág. 234 “Sanjurjo era una bestia inculta, sin ningún criterio intelectual ni político. Eso sí, había demostrado ser valiente y honrado, y sus soldados le veneraban porque era como ellos: putero, tabernario, simpático, simple, patriotero, con un resentimiento feroz hacia cualquier oficial mínimamente pulcro e ilustrado”. Un gran fanfarrón sin duda.
Pág 235 “Tengo comprobado (…) que la forma, tamaño y grosor de los genitales masculinos está en proporción directa con la nariz que cada uno calza, de tal modo que conociendo la napia de alguien puede usted saber qué tamaño gasta de pene” (Lo siento por las mujeres de los chatos…). Esquivias no pierde ocasión de sacar a relucir el sexo, es una constante en la novela. Aunque me ha llamado atención el no haber encontrado nada erótico ni sexual en las últimas 50 páginas; seguramente porque hay más violencia, los efectos de la guerra se palpan con más crueldad (asesinatos de Román y Antonio José) y no sería del gusto del lector “frivolizar” rodeado de dolor.
Pág. 264 Rodrigo escucha ruido en las duchas del seminario, abre la puerta y se encuentra a un grupo de chicos “que mostraban su desnudez con la naturalidad de los dioses mitológicos del Salón de Recreo”. Uno de aquellos chicos le pregunta quién es a Rodrigo, él piensa la misma respuesta que en la segunda página del libro “Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira…. Pero como de costumbre, no se atrevió a decirlo. El sólo pensar la palabra Amor ante un chico desnudo le llenaba de vergüenza “.
Pág. 326 Conchitón refiere a Rodrigo que su burdel ha quedado sólo al servicio de oficiales del ejército, algunos son jóvenes alféreces, de los cuales la madama dice a Rodrigo:”Tenías que ver qué chicos más guapos y más bien educaditos vienen, te gustarían”. En la página siguiente continúa afirmándole Conchitón a Rodrigo: “Te gustan los chicos guapos…Ya, Ya, no me lo niegues: yo lo sé esas cosas se notan”. Y no le vamos a llevar la contraria a Conchitón. ¿Quién va a saber mejor que ella quien es marica o no lo es? Ella ha tenido algunos en su prostíbulo, clientes ha tenido para todos los gustos. Según mi opinión la afirmación de Conchitón es el bautizo o confirmación (cualquiera de los dos sacramentos puede ser válido) desde dentro de la novela de la homosexualidad de Rodrigo. He de reconocer que el concienzudo comentario del Sr de la Vega en mi entrada anterior, me hizo pensar un tanto, pero no dudar, sobre la condición sexual de Rodrigo: Rodrigo es gay como el ser que lo creó (esta “característica” del creador la leí de Abejita en el blog de Merche Pallarés).
Hay otras connotaciones sexuales y sensuales en el libro, pero enumerarlas sería muy largo; pongo algunas referencias muy de pasada: Las grotescas y groseras alusiones al respecto de algunos militares. El rastro de estrógeno que va dejando Conchita Plaza alrededor de los hombres que se cruzan en su camino. El forzoso e histérico celibato que oprime a Pilar Dorronsoro. “El extraviado sexual Gregorio Marañón” elevado al cargo de “tocólogo de la República”
Nota Revulsiva:
Comentario que pertenece al Foro de Lectura de La Acequia, coordinado por el profesor Pedro Ojeda Escudero
sábado, 15 de enero de 2011
Sexualidad en "Inquietud en el paraíso” (II)
Rodrigo es seminarsita en Burgos
En mi entrada anterior, algunos comentaristas han opinado que, con los datos que se ofrecen en la novela, es muy arriesgado asegurar que Rodrigo –cual alter ego de Esquivias- es homosexual. Para mí, aunque mi condición sea hetero, no me es ajeno el mundo, la sensibilidad y la creatividad gay. Y no sólo por el conocimiento de algunas de sus obras (de Lorca lo he leído casi todo); puedo también mencionar a Cernuda, Aleixandre, Oscar Wilde; algo de Proust. Sé que sería larga la lista de escritores homosexuales, pero a mí me bastan con los que conozco para “arriesgarme” a asegurar que, en la mayoría de los casos, el universo creado por el artista homosexual es fácilmente diferenciable al creado por el hetero, y que mi opinión personal es que el tanto por ciento mayor, dentro de las obras de arte, procede de creadores gays, extensible a otros que podemos denominar “diferentes”, o hay quien les dice “raros”.
Será casualidad, pero en mi ámbito local, dentro de mis allegados y amigos creadores, la mayoría son gays. Por todo ello puedo decir que su obra me es cercana y reconocible sin dudar mucho. Su sensibilidad es diferente (no son ni más ni menos sensibles) y su obra es fruto de su particular parto, es su descendencia: sus obras son sus hijos. Pero como cualquier humano puedo errar en lo más evidente y no acertar (tampoco importa tanto) en si el creador es de una u otra condición sexual. Sólo digo que es diferente y me es cercano.
Óscar Esquivias plaga toda la novela de referencias con contenido sexual. En otras ocasiones es menos explícito pero, cuando se lo propone, derrama abundante sensualidad.
Hablando de Rodrigo, nos dice el autor en la Pág. 108: Y, lo mismo que era capaz de admirar su cuerpo en el espejo como si fuera de otro y excitarse con él… (Si el varón que se excita observando otro cuerpo masculino no es homosexual, que venga dios y lo vea. La imagen que monté en mi entrada anterior, del hermafrodita que se excita mirándose en el espejo, pertenecería a este texto, pero con las prisas erré)
Pág. 111 En ella el autor dice sobre Rodrigo y su entrada en el seminario: Era feliz porque sabía que aquélla había sido su única oportunidad de escapar del pueblo, de estudiar, de poder dedicarse a la música, de estar cerca de la poesía y de Dios, de evitar el matrimonio y los negocios familiares. (Si para Rodrigo es un alivio evitar el matrimonio, tal vez por su condición antes descrita, no creo que todos los heteros piensen igual; aunque estos convencionalismos sociales…)
Pág. 161 Julián y su sobrino Román tocan a la puerta de la casa del fabricante de zapatillas Dorronsoro, la criada abre la puerta y va a avisar al industrial, mientras una bocanada de aire abre por completo la puerta de la casa “mostrando el inmenso zaguán repleto de muebles, espejos y la gran escultura de un zulú desnudo, con su lanza amenazante” (me abstengo de opinar, no quiero hacer un chiste fácil)
Pág. 162 Como continuación a la escena anterior, entra en escena Pilar, hermana de Perfecto Dorronsoro, pensando que Julián y su sobrino son lecheros, familiares de una querida con quien su hermano se las entiende. Don Perfecto defiende el amor entre personas de distinta clase social; pero su hermana Pilar estalla: “ –Yo no le recrimino nada a tu corazón . Me preocupan más las nobles pasiones de tu… de tu… de tu `polla. Aquello sonó como una explosión y todos quedaron paralizados. Que doña Pilar dijera “polla” era algo inaudito. (…) Costaba imaginar que hubiera visto nunca un hombre sin chaqueta y corbata y que supiera lo que escondían los varones debajo del calzoncillo. Pero doña Pilar dijo “polla” y entonces sólo cabía esperar que se rasgara el velo del templo y un terremoto destruyera Burgos. Sin embargo, no pasó nada” (¿cómo le contaría en confesión doña Pilar al cura que esta “escandalosa” palabra había salido de su boca? ¡Qué vergüenza!)
Pág 172 Rodrigo visita a Antonio José, maestro de música, para solicitarle clases particulares. El narrador nos ofrece unos fragmentos de inusitada sensualidad. Dice de Antonio José: “Tenía los labios muy finos y los humedecía de continuo con la punta de la lengua; a veces los fruncía de repente, como si le viniera la tentación de besar a la persona con la que hablaba y se reprimiera de hacerlo y dejara el beso en el aire (…) Había algo más que emanaba de su persona, una especie de sensualidad oscura que Rodrigo percibió en seguida. Sí, Antonio José olía también a sexo solitario y, más que eso, a sexo robado de las miradas y las caricias de los demás. (…) Había en él una disponibilidad casi absoluta, la de esas personas que parecen implorar continuamente con la mirada que las desnuden y las acaricien. (…) Estaba seguro de que si le pidiera que le besara, aquel hombre lo haría. Depositó el vaso en la bandeja y dijo: - ¿Cuándo podemos empezar entonces? - Empezar ¿a qué? -Las clases. - ¡Ah, las clases!
¿En qué otra cosa estaría Rodrigo pensando? ¿A qué sexualidad oscura de Antonio José se refiere Esquivias?. En el fragmento se vislumbra una magnífica sintonía entre Rodrigo y Antonio José; me atrevería a decir que se produjo un flechazo entre ellos. No se puede ir más allá en una sensualidad que merodea en busca de sexo.
Nota Revulsiva:
Voy algo retrasadillo, me quedan unas 100 páginas por leer. Espero completar esta serie el sábado próximo.
En mi entrada anterior, algunos comentaristas han opinado que, con los datos que se ofrecen en la novela, es muy arriesgado asegurar que Rodrigo –cual alter ego de Esquivias- es homosexual. Para mí, aunque mi condición sea hetero, no me es ajeno el mundo, la sensibilidad y la creatividad gay. Y no sólo por el conocimiento de algunas de sus obras (de Lorca lo he leído casi todo); puedo también mencionar a Cernuda, Aleixandre, Oscar Wilde; algo de Proust. Sé que sería larga la lista de escritores homosexuales, pero a mí me bastan con los que conozco para “arriesgarme” a asegurar que, en la mayoría de los casos, el universo creado por el artista homosexual es fácilmente diferenciable al creado por el hetero, y que mi opinión personal es que el tanto por ciento mayor, dentro de las obras de arte, procede de creadores gays, extensible a otros que podemos denominar “diferentes”, o hay quien les dice “raros”.
Será casualidad, pero en mi ámbito local, dentro de mis allegados y amigos creadores, la mayoría son gays. Por todo ello puedo decir que su obra me es cercana y reconocible sin dudar mucho. Su sensibilidad es diferente (no son ni más ni menos sensibles) y su obra es fruto de su particular parto, es su descendencia: sus obras son sus hijos. Pero como cualquier humano puedo errar en lo más evidente y no acertar (tampoco importa tanto) en si el creador es de una u otra condición sexual. Sólo digo que es diferente y me es cercano.
Óscar Esquivias plaga toda la novela de referencias con contenido sexual. En otras ocasiones es menos explícito pero, cuando se lo propone, derrama abundante sensualidad.
Hablando de Rodrigo, nos dice el autor en la Pág. 108: Y, lo mismo que era capaz de admirar su cuerpo en el espejo como si fuera de otro y excitarse con él… (Si el varón que se excita observando otro cuerpo masculino no es homosexual, que venga dios y lo vea. La imagen que monté en mi entrada anterior, del hermafrodita que se excita mirándose en el espejo, pertenecería a este texto, pero con las prisas erré)
Pág. 111 En ella el autor dice sobre Rodrigo y su entrada en el seminario: Era feliz porque sabía que aquélla había sido su única oportunidad de escapar del pueblo, de estudiar, de poder dedicarse a la música, de estar cerca de la poesía y de Dios, de evitar el matrimonio y los negocios familiares. (Si para Rodrigo es un alivio evitar el matrimonio, tal vez por su condición antes descrita, no creo que todos los heteros piensen igual; aunque estos convencionalismos sociales…)
Pág. 161 Julián y su sobrino Román tocan a la puerta de la casa del fabricante de zapatillas Dorronsoro, la criada abre la puerta y va a avisar al industrial, mientras una bocanada de aire abre por completo la puerta de la casa “mostrando el inmenso zaguán repleto de muebles, espejos y la gran escultura de un zulú desnudo, con su lanza amenazante” (me abstengo de opinar, no quiero hacer un chiste fácil)
Pág. 162 Como continuación a la escena anterior, entra en escena Pilar, hermana de Perfecto Dorronsoro, pensando que Julián y su sobrino son lecheros, familiares de una querida con quien su hermano se las entiende. Don Perfecto defiende el amor entre personas de distinta clase social; pero su hermana Pilar estalla: “ –Yo no le recrimino nada a tu corazón . Me preocupan más las nobles pasiones de tu… de tu… de tu `polla. Aquello sonó como una explosión y todos quedaron paralizados. Que doña Pilar dijera “polla” era algo inaudito. (…) Costaba imaginar que hubiera visto nunca un hombre sin chaqueta y corbata y que supiera lo que escondían los varones debajo del calzoncillo. Pero doña Pilar dijo “polla” y entonces sólo cabía esperar que se rasgara el velo del templo y un terremoto destruyera Burgos. Sin embargo, no pasó nada” (¿cómo le contaría en confesión doña Pilar al cura que esta “escandalosa” palabra había salido de su boca? ¡Qué vergüenza!)
Pág 172 Rodrigo visita a Antonio José, maestro de música, para solicitarle clases particulares. El narrador nos ofrece unos fragmentos de inusitada sensualidad. Dice de Antonio José: “Tenía los labios muy finos y los humedecía de continuo con la punta de la lengua; a veces los fruncía de repente, como si le viniera la tentación de besar a la persona con la que hablaba y se reprimiera de hacerlo y dejara el beso en el aire (…) Había algo más que emanaba de su persona, una especie de sensualidad oscura que Rodrigo percibió en seguida. Sí, Antonio José olía también a sexo solitario y, más que eso, a sexo robado de las miradas y las caricias de los demás. (…) Había en él una disponibilidad casi absoluta, la de esas personas que parecen implorar continuamente con la mirada que las desnuden y las acaricien. (…) Estaba seguro de que si le pidiera que le besara, aquel hombre lo haría. Depositó el vaso en la bandeja y dijo: - ¿Cuándo podemos empezar entonces? - Empezar ¿a qué? -Las clases. - ¡Ah, las clases!
¿En qué otra cosa estaría Rodrigo pensando? ¿A qué sexualidad oscura de Antonio José se refiere Esquivias?. En el fragmento se vislumbra una magnífica sintonía entre Rodrigo y Antonio José; me atrevería a decir que se produjo un flechazo entre ellos. No se puede ir más allá en una sensualidad que merodea en busca de sexo.
Nota Revulsiva:
Voy algo retrasadillo, me quedan unas 100 páginas por leer. Espero completar esta serie el sábado próximo.
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sábado, 8 de enero de 2011
Sexualidad e inquietud en el paraíso (I)
Dice la leyenda que hermafrodita, que tenía atributos tanto masculinos como femeninos, al contemplar la belleza de su cuerpo ante el espejo, se excitaba sexualmente y dichos atributos modificaban su estado de relajación estando prestos a entrar en acción.
No he leído aún medio libro del que nos ocupa estos días "Inquietud en el Paraíso", por lo que todavía no estoy en condiciones de emitir unas visiones más o menos definitivas o acertadas sobre él; para mí todo es relativo, y lo que hoy parece blanco mañana es de un gris nítido o de un verde pradera primaveral: sea inducido, o no, por el autor de la obra. Esta perspectiva me produce un tanto de pudor y por ello tengo mis reticencias a la hora de exteriorizar mis opiniones. Uno de mis recursos para que mi ignorancia no quede en evidencia es usar y, a veces, abusar del ¿buen? humor: el resultado a veces puede salir cómico y otras ridículo. Pero en cualquier caso se sale airoso. Además me consuela escuchar (sobre todo de nuestro querido Maese Pedro), que cada lector hace su propia lectura del libro; como cada persona, como las huellas dactilares, es un mundo.
Bueno, esta perorata introductoria viene a cuento porque, como he dicho más arriba, no sé de momento dar una opinión global de lo que llevo leído (tal vez nunca la dé).
Me voy a centrar en algunos detalles senso-sexuales que me han llamado la atención de lo, hasta ahora, leído.
Pág. 12.- Me llama la atención encontrar la siguiente expresión –que es respuesta para sí mismo- nada más leer la 2ª pag cuando el doctor Albiñana pregunta a Rodrigo por su nombre ( Rubén le da pistas) : ¡Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira, escribo cuanto me dice y así lo canto! ¡Quien quiera conocer a Amor, puede mirar el temblor de mis ojos! –Pues ese soy yo-
Continúa con la siguiente respuesta interior cuando el doctor Albiñana le pregunta por sus progenitores: “Fue el Dios Apolo, bajo apariencia de pastor, quien fecundó a mi madre entre los laureles del Peloponeso” No me extraña que en la cuna del Cid a un hijo varón se le llame Rodrigo (nombre sonoro y significativo, que dijera don Quijote), símbolo de virilidad con fuerte aroma a testosterona. Al escuchar estas respuestas más bien me imagino a Oscar Wilde, a Rosalía o a Becquer, pero nunca pensaría en nadie llamado Rodrigo. Me produce una clara dicotomía mental. Aunque no somos responsables de nuestro nombre, no nos consultaron al elegirlo.
Pág. 59.- Aquí nos encontramos a Rodrigo acompañando hasta su casa a un beodo Eduardo Ontañón, quien aprovechando su estado de embriaguez, por las copas de más ingeridas tras la conferencia en el teatro, le va soltando algunas perlas al seminarista (es vox populis que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad): El matrimonio es una filfa. Te da una hembra pero te quita todas la demás`, ¡ay qué tortura! ¡Qué suerte tienes tú Rodrigo con que no te gusten las mujeres! (….). Un sacerdote (siquiera en potencia) no tiene sexo. La batalla contra la carne era interior, sorda y cada cual se las apañaba como mejor podía. Era algo de lo que no se hablaba nunca, ni en el seminario ni fuera. Y menos cuando la tentación no tenía forma de hembra. Si en los pensamientos de Rodrigo la tentación no tenía forma de “Eva” (como a algunos nos trae por la calle de la amargura) es porque la tendría en forma de Adán. Más claro el agua. Esquivias es un gran profesional describiendo estas sensibilidades, con un muy logrado y sutil estilo poéticol.
Pág. 60 Pero Ontañón había asegurado hacía meses que el paseo de los Curas, por la noche era el “paseo de los Chicos”. Esa simple frase, dejada caer al azar en una charla le había llenado de pálpitos a Gorostiza (que éste es el apellido de Rodrigo), cuya fantasía prendía en cualquier alusión oscura y se arraigaba y crecía poderosa. Creo que queda más que de sobra demostrado la exquisita sensibilidad y habilidad de Esquivias al tratar el tema de la homosexualidad (¿con conocimiento de causa de primera mano?)
REVULSIVA NOTA:
Son las 8 de la tarde y he agotado el tiempo disponible para postear. Intentaré hacer una segunda entrada sobre la "senso-sexualidad" en cuanto pueda. Y leer la 180 páginas que me quedan..............
No he leído aún medio libro del que nos ocupa estos días "Inquietud en el Paraíso", por lo que todavía no estoy en condiciones de emitir unas visiones más o menos definitivas o acertadas sobre él; para mí todo es relativo, y lo que hoy parece blanco mañana es de un gris nítido o de un verde pradera primaveral: sea inducido, o no, por el autor de la obra. Esta perspectiva me produce un tanto de pudor y por ello tengo mis reticencias a la hora de exteriorizar mis opiniones. Uno de mis recursos para que mi ignorancia no quede en evidencia es usar y, a veces, abusar del ¿buen? humor: el resultado a veces puede salir cómico y otras ridículo. Pero en cualquier caso se sale airoso. Además me consuela escuchar (sobre todo de nuestro querido Maese Pedro), que cada lector hace su propia lectura del libro; como cada persona, como las huellas dactilares, es un mundo.
Bueno, esta perorata introductoria viene a cuento porque, como he dicho más arriba, no sé de momento dar una opinión global de lo que llevo leído (tal vez nunca la dé).
Me voy a centrar en algunos detalles senso-sexuales que me han llamado la atención de lo, hasta ahora, leído.
Pág. 12.- Me llama la atención encontrar la siguiente expresión –que es respuesta para sí mismo- nada más leer la 2ª pag cuando el doctor Albiñana pregunta a Rodrigo por su nombre ( Rubén le da pistas) : ¡Yo soy aquel que, cuando Amor me inspira, escribo cuanto me dice y así lo canto! ¡Quien quiera conocer a Amor, puede mirar el temblor de mis ojos! –Pues ese soy yo-
Continúa con la siguiente respuesta interior cuando el doctor Albiñana le pregunta por sus progenitores: “Fue el Dios Apolo, bajo apariencia de pastor, quien fecundó a mi madre entre los laureles del Peloponeso” No me extraña que en la cuna del Cid a un hijo varón se le llame Rodrigo (nombre sonoro y significativo, que dijera don Quijote), símbolo de virilidad con fuerte aroma a testosterona. Al escuchar estas respuestas más bien me imagino a Oscar Wilde, a Rosalía o a Becquer, pero nunca pensaría en nadie llamado Rodrigo. Me produce una clara dicotomía mental. Aunque no somos responsables de nuestro nombre, no nos consultaron al elegirlo.
Pág. 59.- Aquí nos encontramos a Rodrigo acompañando hasta su casa a un beodo Eduardo Ontañón, quien aprovechando su estado de embriaguez, por las copas de más ingeridas tras la conferencia en el teatro, le va soltando algunas perlas al seminarista (es vox populis que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad): El matrimonio es una filfa. Te da una hembra pero te quita todas la demás`, ¡ay qué tortura! ¡Qué suerte tienes tú Rodrigo con que no te gusten las mujeres! (….). Un sacerdote (siquiera en potencia) no tiene sexo. La batalla contra la carne era interior, sorda y cada cual se las apañaba como mejor podía. Era algo de lo que no se hablaba nunca, ni en el seminario ni fuera. Y menos cuando la tentación no tenía forma de hembra. Si en los pensamientos de Rodrigo la tentación no tenía forma de “Eva” (como a algunos nos trae por la calle de la amargura) es porque la tendría en forma de Adán. Más claro el agua. Esquivias es un gran profesional describiendo estas sensibilidades, con un muy logrado y sutil estilo poéticol.
Pág. 60 Pero Ontañón había asegurado hacía meses que el paseo de los Curas, por la noche era el “paseo de los Chicos”. Esa simple frase, dejada caer al azar en una charla le había llenado de pálpitos a Gorostiza (que éste es el apellido de Rodrigo), cuya fantasía prendía en cualquier alusión oscura y se arraigaba y crecía poderosa. Creo que queda más que de sobra demostrado la exquisita sensibilidad y habilidad de Esquivias al tratar el tema de la homosexualidad (¿con conocimiento de causa de primera mano?)
REVULSIVA NOTA:
Son las 8 de la tarde y he agotado el tiempo disponible para postear. Intentaré hacer una segunda entrada sobre la "senso-sexualidad" en cuanto pueda. Y leer la 180 páginas que me quedan..............
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